14 muertos. El accidente en el portaaviones USS Nimitz, que hoy navega en el Mar Argentino, que cambió las reglas de la Marina norteamericana
El portaaviones de la Armada de los Estados Unidos Nimitz (CVN-68) navega por aguas argentinas en estos días y hoy será visitado por el presidente de la Argentina Javier Milei. La imponent...
El portaaviones de la Armada de los Estados Unidos Nimitz (CVN-68) navega por aguas argentinas en estos días y hoy será visitado por el presidente de la Argentina Javier Milei.
La imponente nave de guerra de 91.400 toneladas que se mueve a propulsión nuclear está en Sudamérica en el marco del Southern Seas 2026, un operativo naval que incluye maniobras conjuntas con la Armada Argentina.
El buque, que ingresó esta semana al Mar Argentino a través del Estrecho de Magallanes y tiene en su cronograma maniobrar cerca de las costas de Trelew, Necochea y Mar del Plata, donde está previsto que se embarque el presidente argentino, es dueño de una historia naval extensa. Una trayectoria que incluye un hecho trágico, que marcó, además, un antes y un después en la historia de la Marina estadounidense.
El episodio fatal ocurrió en mayo de 1981, cerca de las costas del estado de Florida, en el Océano Atlántico. Mientras los aviones que operaban en el USS Nimitz realizaban prácticas de rutina, uno de ellos tuvo dificultades en el aterrizaje y se estrelló contra otras aeronaves ubicadas sobre la cubierta.
El resultado fue una serie de explosiones en cadena que dejaron como saldo 14 víctimas fatales y 48 heridos, varios de ellos de gravedad. La revista Time bautizó este accidente como “La noche de terror llameante” y fue considerado el peor desastre en la historia de la aviación naval en tiempos de paz.
Noche de entrenamientoEl portaaviones que navega hoy por las costas de la Argentina era, en el año 1981, el buque de guerra más grande del planeta. En la noche del 26 de mayo de ese año, esta mole flotante se encontraba a unos 96 kilómetros de la costa de Florida. Llevaba consigo unos 5000 tripulantes.
Como tantas otras veces desde su botadura en 1972, aquella noche la cubierta de casi dos hectáreas del USS Nimitz era el epicentro de maniobras de entrenamiento aeronaval. Así, poco antes de la medianoche había unos 13 aviones sobrevolando el barco.
Una de esas aeronaves era el Grumman EA-6B Prowler, que llevaba un sistema de interferencia electrónica de radar y era piloteada por el teniente primero de la infantería de marina Steven White, de 27 años. El caza tenía dos tripulantes más a bordo: el capitán Elwood Armstrong, Jr. y el teniente Lawrence Cragun.
Este avión se encontraba a unos tres kilómetros por detrás del USS Nimitz (CVN-68) cuando viró con la intención de aterrizar. Eran las 23.51 de una noche brumosa cuando el Grumman se aproximó a la cubierta con intención de aterrizar. Entonces algo salió muy mal.
“Solo se veían pedazos de aviones”El marino encargado de dirigir los aterrizajes en la cubierta de vuelo se dio cuenta de que el avión venía muy alto y que se dirigía peligrosamente primero hacia la izquierda y luego a la derecha. Advirtió por radio al piloto que en esas condiciones era mejor abortar la maniobra y alejarse del portaaviones. Pero White no lo escuchó o, si lo hizo, consideró que ya era demasiado tarde para semejante cambio.
Segundos después, la nave ya sobrevolaba la cubierta a 233 kilómetros por hora. Según la reconstrucción realizada por la revista Time, el Grumman pasó por encima del último cable de frenado y tocó la cubierta unos 150 metros más adelante (la longitud total de la cubierta es de 332.8 metros)
En esa acción, su ala derecha chocó contra tres aviones Corsair II estacionados y finalmente impactó de costado contra una formación de seis cazas F-14 Tomcat repostados en la pista.
Una enorme explosión iluminó la noche de alta mar. Todo fue fuego y caos. “Todo sucedió muy rápido. Solo se veían pedazos de aviones”, dijo uno de los tripulantes del Nimitz a Time. “Se oían gritos de dolor por todas partes”, describió otro.
Explosiones en cadenaCuando los bomberos a bordo comenzaron a trabajar sobre las llamas el desastre se había multiplicado. Al impacto del primer choque, que mató al instante a los tres tripulantes del Grumman, se sumaron las explosiones en cadena de los tanques de combustible de los cazas.
La bola de fuego resultante provocó la voladura de los asientos eyectables de los cazas. Una de las ametralladoras de los aviones se recalentó y comenzó a disparar sola municiones de 20 mm. También estallaron algunos misiles de las aeronaves. Esa cadena de calamidades dejó un saldo de 14 muertos y 48 heridos.
Los 12 jets restantes que seguían sobrevolando el buque debieron dirigirse a tierra para aterrizar.
70 minutos después del accidente, los bomberos lograron controlar definitivamente el incendio. Empezaron a aparecer los cadáveres entre los restos de aviones y el humo reinante.
Un tendal de aviones destruidosEn términos materiales, lo que dejó el fallido aterrizaje, además de la destrucción total del Grumman EA-6B, fue un tendal de naves destrozadas o averiadas.
El recuento de daños dio el siguiente resultado: dos de los F-14 impactados fueron destruidos por completo, mientras que tres de ellos terminaron gravemente dañados.
Cuatro cazas LTV A-7 Corsair II quedaron totalmente inoperativos.
Otras diez aeronaves -entre ellas un helicóptero Sea King, un Lockheed S-3 Viking y un Grumman A-6 Intruder-, sufrieron golpes, rayones o quemaduras, pero menores.
El total de pérdidas, entre aviones y los daños en cubierta, se calculó entonces en un total de 150 millones de dólares (unos 532 millones de dólares hoy).
Pudo ser mucho peorLa tragedia, sin embargo, pudo ser peor. En principio, el mencionado caza A-6 Intruder llevaba consigo armamento pesado que, si estallaba, podría haber producido una matanza.
Las explosiones y sus consecuencias se concentraron en la cubierta. El reactor nuclear que moviliza la nave se encuentra muy abajo de la superficie y reforzado con acero. Por lo tanto, nunca estuvo en peligro.
A modo de precaución, el comandante del portaaviones, capitán John Batzler, con la anuencia de sus autoridades de la Armada, ordenó arrojar los aviones que estaban totalmente destruidos por la borda.
De esta forma, se eludía el peligro de que los misiles o municiones que tenían esas aeronaves pudieran explotar e incrementar el número de víctimas.
Por el accionar de los marinos que contuvieron heroicamente el incendio, el comandante del Nimitz otorgó 11 medallas al servicio meritorio y otros premios relacionados. Todos ellos a quienes evitaron, poniendo a riesgo sus vidas, que la tragedia pudiera ser mucho peor.
Marihuana en las autopsiasPero las autopsias realizadas a los tripulantes fallecidos en el siniestro darían como resultado un sorpresivo descubrimiento que, a la postre, produciría un cambio en las condiciones para acceder y permanecer en la Marina.
La propia Armada de los Estados Unidos reconoció que seis de los tripulantes del USS Nimitz fallecidos en la noche del 26 de mayo habían fumado marihuana.
La entidad admitió también que en el caso de tres de esos hombres habían consumido en grandes cantidades esa hierba poco antes del accidente. El informe aclaraba que ninguno de los tres tripulantes del Grumman estrellado estaba entre los que habían fumado la mencionada sustancia.
Por esto último, la Marina aseveró que el consumo de marihuana no tuvo que ver con la causa del accidente.
“Los datos que he proporcionado confirman mi convicción de que el consumo o abuso de drogas no contribuyó a este trágico accidente”, declaró entonces el secretario de la Marina, John F. Lehman Jr., en una carta al legislador demócrata Joseph Addabbo, miembro de una comisión formada para determinar si el consumo de drogas había influido en la tragedia del USS Nimitz.
“Tolerancia cero” para siempreMás allá de que no se probara que la marihuana tuviera relación con la génesis del accidente, la noticia de que varios marinos muertos dieron positivo en el consumo de esa sustancia produjo un cimbronazo político y un cambio irreversible.
A partir de ese momento, el presidente estadounidense, Ronald Reagan, dispuso una política de “tolerancia cero” a la droga en todas las Fuerzas Armadas del país. Eso dio inicio también a la instauración de pruebas de detección de sustancias ilegales para la totalidad de los miembros del Ejército norteamericano.
Finalmente, los análisis que se realizaron sobre el siniestro en la cubierta del USS Nimitz dieron como resultado que se trató de un error del piloto.
Otros informes de la Armada añadieron que la maniobra equívoca del oficial White pudo deberse al consumo de bromfeniramina. Esta droga, que es un antihistamínico utilizado contra el resfrío, tiene un efecto también sedante. La autopsia detectó en la sangre del piloto una dosis seis veces superior a la recomendada de este medicamento.
La bromfeniramina “pudo haber afectado las habilidades mentales y físicas necesarias para los aterrizajes nocturnos”, decía el informe de la Marina estadounidense, citado en el portal especializado en accidentes aéreos Aviation Safety Network.
Como sea, el portaaviones que esta semana navegará con su imponente estampa por las aguas del Mar Argentino tiene en su historial un accidente inusual y trágico que además modificó para siempre las condiciones y las reglas de la Armada norteamericana.