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Adoptaron tres hermanitos y sueñan con sumar a los dos más grandes: “Ganas y amor nos sobran, la dificultad es económica”

—Tenemos que decirles algo más.A la frase le siguió un silencio. Era la tercera entrevista en el juzgado de familia. Hasta ese momento, Marina y Ángel, un matrimonio que soñaba con for...

—Tenemos que decirles algo más.

A la frase le siguió un silencio. Era la tercera entrevista en el juzgado de familia. Hasta ese momento, Marina y Ángel, un matrimonio que soñaba con formar una familia a través de la adopción, solo sabían que había dos hermanitos pequeños esperando conocerlos. Por eso estaban ahí.

Pero antes de terminar la reunión, alguien del equipo les contó algo que todavía no les habían dicho: esos chicos de apenas 1 y 2 años tenían otros tres hermanos, también en situación de adoptabilidad.

Les explicaron que para aumentar las posibilidades de que todos encontraran una familia, el juzgado había decidido separarlos en dos grupos: los dos más pequeños por un lado y los tres mayores por otro.

Marina y Ángel apenas se miraron.

—Queremos adoptar a los cinco.

No hubo cuentas ni tiempo para pensar si aquello que les nacía de lo más profundo era posible. “El corazón no entiende de números”, dice hoy Marina Casella, de 35 años, profesora de inglés. Junto a su marido, Ángel Mangas, de 28, gastronómico, viven en Henderson, un pueblo bonaerense de 9.000 habitantes.

Pero ese impulso inicial chocó enseguida con la realidad económica. “Cuando salimos del juzgado llorábamos de emoción porque habíamos encontrado a nuestros hijos, pero también de tristeza. Nos dimos cuenta de que, económicamente, no podíamos asumir en ese momento la adopción de los cinco“, cuenta.

Ocho meses después de aquella reunión, Marina y Ángel ya son padres de tres de esos hermanos. Los dos más pequeños, A. y L., fueron los primeros en llegar a la familia y meses más tarde lograron también la guarda adoptiva de M., una niña que hoy tiene 5 años.

Pero todavía faltan D., de 10, y J., de 7, que continúan viviendo en un hogar y están en convocatoria pública de adopción.

La decisión del matrimonio nunca cambió. Siguen convencidos de que los cinco hermanos deberían crecer bajo el mismo techo y sienten que D. y J., con quienes hablan todas las semanas por videollamada, también son sus hijos.

“No tenemos ningún papel que diga que somos los padres, pero nosotros nos sentimos así”, resume Ángel.

Hoy buscan acceder a un préstamo que les permita ampliar la casa y ordenar una economía que quedó golpeada durante todo el proceso.

“Nos gustaría contactar a alguien que pueda facilitarnos algún tipo de préstamo que podamos devolver. Necesitamos ese impulso para empezar nuestra nueva vida de siete“, dice Marina.

El encuentro soñado

Esta historia empezó en febrero de 2025, cuando Marina y Ángel se inscribieron en el Registro de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos con la intención de adoptar hasta dos niños. En noviembre llegó el llamado más esperado.

Marina, que trabaja como profesora de inglés en dos escuelas públicas y además tiene un instituto, estaba pintando junto a Ángel las paredes de la hamburguesería que acababan de abrir en el centro de Henderson cuando sonó el celular.

Era un mensaje del juzgado: había dos hermanitos esperando una familia y querían entrevistarlos.

—Imaginate cómo largué el pincel —recuerda entre risas.

Viajaron a Buenos Aires para distintas entrevistas y un jueves les confirmaron que al día siguiente conocerían a los hermanitos. “Nos abrazamos los cuatro con una intensidad que parecía decirlo todo. Sentimos que nos habíamos estado esperando durante toda la vida”, reconstruye Ángel.

Una semana después emprendieron el viaje a Henderson convertidos en una familia de cuatro. Sin embargo, la felicidad era incompleta: desde que supieron que A. y L. tenían otros tres hermanos, no dejaron de pensar en ellos.

“Entendieron nuestra situación”

Mientras avanzaba la guarda con fines de adopción de los dos más pequeños, Marina y Ángel reunieron coraje para volver a plantear en el juzgado aquello que no dejaba de darles vueltas en la cabeza: si todavía no podían recibir a los cinco por una cuestión económica, ¿existía al menos la posibilidad de que M., que en ese momento tenía 4 años, ¿pudiera vivir con ellos?

“Le dijimos a la jueza que seguíamos soñando con que los cinco estuvieran juntos. Si no podíamos ser siete todavía, al menos queríamos que tres hermanitos crecieran bajo el mismo techo. Pero no hubo un solo día en que no soñáramos con tenerlos a J. y D. también en casa”, dice Marina.

El equipo del juzgado aceptó revisar la situación: “Encontramos personas con un corazón enorme. Nos escucharon, entendieron nuestra situación e hicieron todo lo que estuvo a su alcance para que los hermanos pudieran volver a encontrarse”.

Poco tiempo después llegó otra llamada que volvería a cambiarles la vida: existía la posibilidad de comenzar la vinculación con M.

Para acompañar el proceso tuvieron que instalarse en Buenos Aires, cerca del hogar donde vivía la niña. Eso significó cerrar durante varias semanas la hamburguesería que acababan de abrir en Henderson, la principal apuesta económica de la familia.

“Hubo un fin de semana en el que ya no teníamos un centavo. Volvimos al pueblo para abrir el local, trabajar todo lo que pudiéramos y juntar algo de plata para seguir la vinculación”, recuerda Marina.

Su mamá y su hermana les cargaban combustible para que pudieran viajar: “Fue un esfuerzo enorme de toda la familia, pero nunca dudamos de que valía la pena”.

Cuando finalmente M. volvió a ver a sus hermanos menores, ocurrió una escena que todavía hoy emociona al matrimonio: “Nos contaron que ella hablaba todo el tiempo de ‘los bebés’ y que los extrañaba muchísimo. Apenas los vio salió corriendo a abrazarlos, como si quisiera recuperar todo el tiempo que la vida les hizo perder“.

“Nos vemos por videollamada”

Todos los domingos, Marina, Ángel y los tres chicos se sientan frente al teléfono para hacer una videollamada con D. y J., que se conectan desde el hogar.

“Charlamos sobre la escuela, cómo pasó su semana y todas esas pequeñas cosas que forman la vida cotidiana de una familia. Ellos se emocionan viendo cómo A. aprende nuevas palabras, cómo L. canta sin parar y cómo M. ya hizo muchas amiguitas“, cuenta Marina.

Cada domingo se hace un poco más difícil: “Hoy esa pantalla es el único puente que nos une”. Mientras tanto, el tiempo sigue corriendo. D. y J. continúan en convocatoria pública de adopción y la pareja sabe que, para poder iniciar el proceso y reunir por fin a los cinco hermanos, primero necesitan encaminar la economía familiar.

Hoy viven en una casa que originalmente tenía una sola habitación. Para ganar espacio dividieron el comedor con una pared de durlock y armaron un segundo cuarto. Si D. y J. llegaran a vivir con ellos necesitarían construir otra habitación y sumar un segundo baño. “Tenemos lugar para ampliar, pero nos falta el dinero para hacerlo”, explica Marina.

Ella tiene un ingreso estable, pero el trabajo de Ángel depende de las ventas de la hamburguesería familiar. En un pueblo de apenas 9.000 habitantes hay días en los que venden bien y otros en los que, como dice Marina, “no anda nadie en la calle, solo los pajaritos”. Además, todavía arrastran deudas del negocio.

Hace unos días, mientras leía en LA NACIONl a historia de seis hermanitos que, después de mucho esperar, habían encontrado una familia, Marina decidió mandar un mensaje por Instagram para compartir la suya.

“Nos daba muchísimo miedo hacer pública nuestra historia. En seis meses pasó un tsunami por nuestras vidas, pero de los lindos. Dudamos mucho si era lo correcto. Pero hoy creemos que, si Dios y la vida nos pusieron este desafío, también nos van a dar la oportunidad de escribir el final que estos cinco hermanos merecen”, asegura.

Con Ángel, concluyen: “Antes de llegar a esta instancia tocamos muchas puertas. No buscamos regalos ni queremos dar lástima. Queremos un préstamo que podamos devolver“, concluyen.

Cómo colaborar

Quienes deseen y puedan colaborar con la familia, pueden hacerlo escribiendo a marinacasella21@gmail.com

O mediante una transferencia bancaria:

Alias: juntosyfelices2026CVU: 0000003100082532689920Nombre: Angel David Mangas DupuyQuiero una Familia

Esta nota forma parte de Quiero una familia, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca garantizar el derecho de cada niño a vivir y crecer en familia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/adopcion/adoptaron-tres-hermanitos-y-suenan-con-sumar-a-los-dos-mas-grandes-ganas-y-amor-nos-sobran-la-nid27072026/

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