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Cómo hacer una auténtica crème brûlée con crema sedosa bajo una costra crocante, según cinco chefs

La crème brûlée se sostiene sobre un contraste preciso: una crema fría, lisa y untuosa cubierta por una fina capa de azúcar quemada que debe quebrarse con la cuchara. Aunque su fórmula parece...

La crème brûlée se sostiene sobre un contraste preciso: una crema fría, lisa y untuosa cubierta por una fina capa de azúcar quemada que debe quebrarse con la cuchara. Aunque su fórmula parece sencilla, el resultado depende del control de la temperatura, la cocción y el caramelizado.

En el marco del Día Internacional de la Crème Brûlée, que se celebra el 27 de julio, cinco chefs explican cómo obtener la textura adecuada, qué papel cumple cada ingrediente y cuáles son las diferencias con otros postres similares.

Qué textura debe tener una crème brûlée

La crema debe conservar estructura sin volverse firme, gomosa ni gelatinosa. Juliana Navarro, chef de Sendero, define las características que debe reunir el postre. “Una buena crème brûlée debe tener una textura cremosa, untuosa y sedosa, con una cocción pareja. Debe servirse fresca, sin estar excesivamente fría, y destacar por un delicado sabor a vainilla que sea el protagonista”, explica.

Para evitar burbujas y grumos, recomienda filtrar la preparación y cocinarla lentamente. “El secreto está en tamizar la mezcla antes de cocinarla y tener paciencia durante la cocción. Hacerlo a baja temperatura y durante el tiempo necesario permite obtener una textura uniforme y perfectamente lisa”.

En Villegas Resto, Martín Pedraza precisa el procedimiento utilizado: “La nuestra va a horno a 90° a baño María por 50 min. No lleva fécula, solo espesa por las yemas y la grasa de la crema. Queda densa, sedosa y se come fría con la capa de caramelo”.

Para qué sirven las yemas, la crema y el baño María

Navarro explica que cada componente cumple una función específica en la textura final. “Las yemas aportan estructura y cremosidad, la crema de leche le da untuosidad y suavidad, mientras que la cocción a baño María garantiza que el calor se distribuya de forma uniforme, evitando que la preparación se corte o se cocine en exceso”.

Pedraza destaca la importancia de la materia grasa. “La crème brûlée va a horno por casi 1 hora. Si usás solo leche se corta o queda aguada. La crema de leche tiene 35% de grasa y eso la protege. Le da cuerpo y esa untuosidad que al chocar con el azúcar quemada es lo que buscamos”.

El calor debe llegar de manera gradual. Si la temperatura es demasiado alta, las yemas coagulan de forma brusca y la crema pierde su consistencia lisa.

Cómo conseguir una cubierta fina y crocante

David Ribulgo, chef de La Pescadorita, advierte que el momento del caramelizado es determinante. “El bruleado debe hacerse justo antes de servir para conservar el contraste entre la crema fría y la capa de azúcar caramelizada”.

Navarro recomienda distribuir el azúcar de forma pareja y trabajar rápidamente con el soplete. “Distribuyendo una fina capa de azúcar de manera pareja sobre toda la superficie y caramelizándola rápidamente con un soplete. De esta forma se logra una costra bien dorada y crocante, sin transmitir demasiado calor a la crema”.

Ribulgo agrega que en algunos casos se puede repetir el procedimiento: “En algunos casos realizamos un doble bruleado para lograr una costra de azúcar más firme y crocante”.

Azúcar blanca o rubia: cuál conviene usar

Sebastián Iraola, chef de Del Río Cantina, elige el azúcar rubia. “A la hora de caramelizar, me inclino por el azúcar rubia: aporta un dorado uniforme y el color justo para un buen crème brûlée”.

Ribulgo prefiere otra alternativa para la receta clásica. “Para caramelizar la superficie prefiero utilizar azúcar blanca, ya que permite obtener una capa fina, uniforme y bien cristalizada”.

El chef de La Pescadorita reconoce que ambas opciones son posibles: “La azúcar rubia también puede emplearse y aporta un color más dorado al momento del bruleado, pero para una crème brûlée clásica la blanca ofrece un resultado más parejo”.

Los errores que pueden arruinarla

Iraola identifica el exceso de cocción como uno de los problemas principales. “Uno de los errores más frecuentes es excederse con la cocción. Cuando eso pasa, la preparación se corta y pierde su textura característica”.

Ribulgo coincide: “Uno de los errores más frecuentes es cocinar la preparación a una temperatura demasiado alta, ya que esto provoca que la crema se corte, se formen grumos y pierda su textura lisa y cremosa”.

También señala que la superficie debe cuidarse durante el proceso. “Es importante proteger la preparación durante la cocción para que la superficie quede uniforme”.

Otro error es quemar el azúcar con demasiada anticipación, porque la humedad de la crema puede ablandar la costra y hacer desaparecer el contraste entre ambas capas.

Por qué importa la calidad de la vainilla

Ribulgo recomienda utilizar vainilla natural siempre que sea posible. “La calidad de la vainilla influye directamente en el sabor y el aroma del postre. Siempre que es posible, conviene utilizar chauchas de vainilla, ya que sus semillas aportan un perfume natural y un perfil mucho más definido que el de una esencia artificial”.

Aunque se utiliza en pequeñas cantidades, considera que su calidad cambia el resultado. “Es un ingrediente que, aunque se utilice en pequeñas cantidades, marca una diferencia importante en el resultado final”.

Iraola coincide: “Cuando se utiliza vaina de vainilla natural, la diferencia se percibe tanto en la profundidad del sabor como en la presentación, gracias a los puntitos que quedan visibles en la crema”.

Crème brûlée, crema catalana y natilla: cuáles son las diferencias

Guille Busquiazo, chef y dueño de Casa Planes, distingue los postres por su método de cocción. “Una se cocina al horno a baño María por el tipo de preparación y la otra necesitas espesar al fuego en olla revolviendo porque tiene maizena”.

Pedraza detalla las diferencias: “Crème brûlée: la nuestra va a horno a 90° a baño María por 50 min. No lleva fécula, solo espesa por las yemas y la grasa de la crema. Queda densa, sedosa y se come fría con la capa de caramelo. Crema catalana: se hace en fuego directo y lleva fécula de maíz. Por eso queda más firme y gelificada. Natilla: también es a fuego directo, pero lleva menos huevo y más leche. Queda más líquida, tipo crema inglesa espesa. Se sirve sin quemar arriba”.

Busquiazo explica la función del almidón en las preparaciones cocidas en una olla: “El almidón (como la maicena o fécula de maíz) cumple un rol fundamental: es el agente espesante y estabilizador. Al calentarse con el líquido, el almidón absorbe la leche y se hincha (un proceso llamado gelatinización)”.

Para el chef de Casa Planes, no se trata de nombres intercambiables: “Lo considero un postre similar, pero es definitivamente distinto por textura e ingredientes”.

Qué no puede cambiar en una crème brûlée

Pedraza sostiene que la identidad del postre depende de tres componentes. “La base de la crème brûlée no la tocamos: crema, yemas y azúcar quemada arriba. Eso es lo que la hace ser crème brûlée”.

También remarca que el propio nombre describe su característica central: “Básicamente el nombre mismo lo dice; creme bruleé (que significa crema quemada)”.

Las variantes pueden modificar el sabor, pero deben conservar la crema sedosa y la cubierta caramelizada que se rompe al contacto con la cuchara.

Dulce de leche, yerba mate y otros giros argentinos

En Villegas Resto, la receta incorpora dulce de leche sin alterar la estructura clásica. “Nuestro giro está en infusionar la leche y la crema con 1kg de dulce de leche. Le damos ese sabor bien argentino, bien de acá”.

Pedraza explica el efecto buscado: “Seguimos teniendo la textura sedosa y el crujido del azúcar sopleteado, pero cuando la probás te remite directo al dulce de leche”.

Busquiazo propone otras combinaciones con ingredientes locales. “Este clásico si lo llevamos a nuestros ingredientes podríamos agregar a la leche dulce de leche o jugar con infusionar la leche con hierbas de nuestro suelo, o con yerba mate”.

Qué beber con una crème brûlée

Iraola recomienda un vino blanco: “Si tuviera que elegir una cepa, optaría por un Pinot Gris, que va muy bien con este tipo de postres”.

Pedraza propone un espumante seco. “En cuanto a espumantes podría sugerir un extra brut, ya que tiene una buena acidez y en combinación con las burbujas equilibran el dulzor del caramelo y limpian el paladar del tenor graso”.

También señala dos alternativas con mayor intensidad: “También el café espresso o Carajillo, el amargor natural e intensidad contrastan muy bien con la capa de azúcar quemada y la vainilla”.

En Casa Planes, Busquiazo coincide con el maridaje: “Este postre siempre sugerimos acompañarlo con un vino espumante”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/que-sale/como-hacer-una-autentica-creme-brulee-con-crema-sedosa-bajo-una-costra-crocante-segun-cinco-chefs-nid27072026/

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