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Dance, baby, dance

NUEVA YORK.- Luces. Humo. Un DJ tatuado con una larguísima trenza blanca. Miles de cuerpos que saltan al ritmo. Alguien vuelca su bebida sobre el piso. Hasta aquí, una rave bastante convencional....

NUEVA YORK.- Luces. Humo. Un DJ tatuado con una larguísima trenza blanca. Miles de cuerpos que saltan al ritmo. Alguien vuelca su bebida sobre el piso. Hasta aquí, una rave bastante convencional. Sólo que el tema que suena es Head, Shoulders, Knees and Toes, la bebida derramada probablemente sea jugo de manzana y una porción considerable del público usa pañales.

La versión electrónica de Head, Shoulders, Knees and Toes se volvió viral y hoy Pearce llena teatros y anfiteatros con niños menores de cinco años y sus padres, al ritmo de versiones electrónicas de canciones de jardín de infantes

Así son las “baby raves” o, más precisamente, las fiestas de toddler techno que el australiano Lenny Pearce está convirtiendo en fenómeno global, según contó días atrás The Wall Street Journal. Pearce, antiguo integrante de un grupo de pop y dance ganador del reality Australia’s Got Talent, había visto languidecer su carrera hasta que en 2022, ya padre, se le ocurrió remixar en clave techno las canciones que escuchaba su hija.

La versión electrónica de Head, Shoulders, Knees and Toes se volvió viral y hoy Pearce llena teatros y anfiteatros con niños menores de cinco años y sus padres, al ritmo de versiones electrónicas de canciones de jardín de infantes. Para un oído argentino, el efecto sería más o menos el de encontrarse en una rave multitudinaria y descubrir que el DJ acaba de lanzar una versión tecno de “Arroz con leche” o “El auto de papá”. En su actual gira por Estados Unidos y Canadá lleva más de 70.000 entradas vendidas.

En este espacio, la semana última se abordó la economía de la nostalgia. Primero volvieron las zapatillas, los jeans, las carteras, los scrunchies; después, los perfumes que habían desaparecido del mercado. Quizá una de las pruebas más elocuentes de la tendencia sea el filtro de Instagram que se volvió viral en los últimos días y muestra a cada persona como supuestamente se habría visto en los años 80. Pero no solo se recuperan objetos, imágenes u olores. También regresan experiencias, convenientemente adaptadas al presente, que ahora muchas veces incluye hijos pequeños.

Aunque las baby raves encajan perfectamente en esta nueva ola nostálgica, el fenómeno no es nuevo. Existen desde hace más de veinte años y ya en 2019 una fiesta mensual para menores de cuatro años en Oakland agotaba entradas, con padres que hablaban abiertamente de transmitir a sus hijos el ethos de la cultura rave. Lo novedoso no está tanto en la idea como en la escala: aquello que parecía una rareza de nicho llegó a grandes escenarios y empezó a vender decenas de miles de entradas.

Y el fenómeno trasciende fronteras. En la Argentina, por ejemplo, Techno Kids, en Mar del Plata, tuvo su segunda edición en febrero de 2026. Incluso llegó a las torres de marfil y se convirtió en objeto de estudio académico, como en el caso de la investigadora británica Zoe Armour quien analizó las baby raves en Dancecult: Journal of Electronic Dance Music Culture. Armour escribió que son una forma de “patrimonio vivo”: espacios en los que los niños se convierten, por unas horas, en herederos de la experiencia de sus padres. Su trabajo parte incluso de una idea de “multigeneracionalidad fluida”: una cultura históricamente asociada a la juventud empieza a incorporar a quienes envejecieron dentro de ella y ahora regresan acompañados por sus hijos. En otras palabras, los chicos no reciben solo canciones, objetos o relatos de la juventud de sus padres: reciben una versión escenificada de esa juventud.

Y ahí aparece la ironía perfecta de las baby raves. La rave nació, justamente, como una forma de escapar de la vida adulta, de sus horarios, obligaciones y supervisión. Ahora regresa domesticada y convertida en una actividad familiar perfectamente organizada: hay luces y beats, pero con protectores auditivos horario compatible con la siesta y el inevitable jugo de manzana derramado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/dance-baby-dance-nid13092026/

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