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Delfina Pignatiello, íntima: “Pensé que nunca iba a estar bien de nuevo”

“Vine, navi, vici”. La frase de Julio César admite una variante si Delfina Pignatiello tuviese que sintetizar su etapa con la natación de alto rendimiento: Vine, Nadé, Vencí. “Es esa sens...

“Vine, navi, vici”. La frase de Julio César admite una variante si Delfina Pignatiello tuviese que sintetizar su etapa con la natación de alto rendimiento: Vine, Nadé, Vencí. “Es esa sensación de: ‘Listo, lo hice’. Voy plantando semillas de sueños, los voy haciendo y la vida sigue. Si aparece otro sueño, lo voy a ir a buscar”, dice. Fue una de las estrellas de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 y campeona panamericana en Lima 2019, marcó cuatro récords argentinos y dos sudamericanos, y representó al país en los Juegos Olímpicos de Tokio en el mismo 2021 que anunció su retiro, a los 21 años. La decisión sorprendió al universo deportivo y le conllevó un arduo proceso de redescubrimiento.

Cinco años después, en su perspectiva hay elocuencia y nuevas expectativas. Puede estar trabajando como fotógrafa profesional en un festival de música, formando parte del equipo técnico o el casting de un proyecto audiovisual, explorando la urbanidad cultural de Buenos Aires o escribiendo en una mesa de El Motivo, un bar de esquina en Villa Pueyrredón donde todavía viven los terrones de azúcar.

Aun fuera de la pileta, Delfina Pignatiello mantiene una conexión orgánica con las métricas: sabe que, sólo en estos meses de 2026, leyó 11 novelas y vio 60 películas, cada una de ellas reseñada en su perfil de Letterboxd. Porque también su vocación por el camino artístico va en serio. Hace dos años publicó Diarios de Delfín, donde reconstruye su experiencia en el deporte, y hasta el pasado 7 de mayo, tuvo otro hito personal con su exposición fotográfica Ninfas, una serie de imágenes subacuáticas que exploran el cuerpo y el vínculo entre mujeres.

-¿Cómo sigue la vida de tu primera muestra?

-En principio, se podrá volver a ver en la feria MAPA (del 25 al 28 de junio en la Rural), donde la galería PHUYU va a tener un espacio. Estamos viendo también si la llevamos a Córdoba, y si entra en otro evento de arte ligado al mar, donde encaja perfecto. Pasaron cosas muy positivas con Ninfas. La noche de la inauguración me sentía en mi cumpleaños de 15: hablaba con todo el mundo, fue muy mágico poder ver cara a cara a la persona que estaba mirando las fotos, contar cómo las hice, que pasen cosas en vivo…¡y no en las redes! Estoy harta de que todo quede en la web: quiero verlo con mis propios ojos. Entiendo que antes las cosas solo se vivían así y que ahora eso mismo genera cierta sorpresa, porque todo corre por las redes.

-Privilegiar la experiencia real…

-Estoy yendo por ahí. Desde el momento mismo de hacer las fotos, con las chicas poniendo el cuerpo, aprendiendo cosas juntas. John Cassavetes, uno de mis directores de cine favoritos, insistía mucho en ese aspecto junto con su equipo. Tenía una escena con un extra que sabía que no iba a quedar en la película, y aun así se la hacía repetir diez veces. Le estaba regalando la experiencia de actuar, de vivir ese momento. En todo el contenido artístico en el que estoy involucrada, las fotos, los guiones que escribo, los rodajes en los que participo, hay algo de eso.

-En esta época hay cierto retorno a lo físico y analógico. ¿Tomaste ese camino también con la fotografía?

-Bueno, yo arranqué con una cámara analógica heredada de mi padrino, que la había heredado a su vez del padrino de mi mamá. Cuando la heredé, me enteré de que mi padrino había estudiado cine, además de dedicarse al teatro y al circo, y también de que mi abuela bordaba cuadros y los exponía. De pronto me di cuenta de que había un gen artístico en mi familia. Empecé a sacar fotos en la pandemia, por curiosidad. No sabía lo que era un rollo ni el proceso químico. Me parecía mágico sacar fotos y tener que mandárselas a alguien para que las revelara. Ahora trabajo en digital, pero trato de respetar la gimnasia analógica, de pensar mejor el encuadre y no confiar en tener tantos tiros. Voy más al grano, espero el momento, me quedo en silencio, esperando.

-¿Se puede decir que vivís de la profesión al 100%?

-Hace ya dos años que mi vida está totalmente volcada al camino artístico, como fotógrafa, y también como directora e incluso como actriz. A veces acepto trabajos que no me apasionan del todo, por supuesto, como un evento, algo más corporativo. Pero me permiten invertir en mi propia obra. Se me abrieron las puertas muy rápido. Trabajé con Duki, Nicki Nicole, Trueno, cubrí Lollapalloza, me fui de gira con Conociendo Rusia, y así también participé en proyectos para Fundación River y Coca-Cola. Fue muy especial ser parte del equipo técnico de El Jockey. Trabajar con Luis Ortega fue revelador, fue cuando me dije: “Me quiero dedicar a esto”. La vida en el set es maravillosa.

-¿Te imaginás dando un paso más en la industria?

-Me lo estoy planteando, sé que implica mucha formación. Yo me fui formando en el hacer, y después me especialicé con clínicas de fotografía y talleres de escritura, como el que hice con Samanta Schweblin, que me abrió un universo enorme. Nunca me agarró el impulso de anotarme en una facultad, quizá porque ya tuve una carrera muy larga y comprometedora: durante siete años en el alto rendimiento me entrenaba todos los días del año, con una sola semana de vacaciones, con todo planificado, sin espacio para nada. Era un estilo de vida que elegí con convicción y cero arrepentimiento, pero hoy quiero estar disponible. Si me sale un rodaje, voy. Si sale una gira, voy. Vivo mucho por corazonada. Así que quizá el año que viene me agarra una y me anoto en Letras. No tengo ni idea de qué va a pasar con mi vida.

-Hay algo de lidiar con la oscuridad que se puede detectar en tus fotos.

-Yo me tuve que poner cara a cara con lo más oscuro que pude haber pensado y vivido. No hice ojos ciegos. Todo se fue acumulando y un día estalló. No tanto si me peleaba con los haters en las redes o con el deporte de rendimiento. Era más profundo: era escucharme a mí, entender qué quería hacer. Tomó tiempo. Fue mucho ejercicio personal, sobre todo para dejar de escuchar al afuera e incluso la percepción que yo tenía de mí misma. Me la pasé en terapia, ahondando en la angustia y de tanto enfrentar el problema encontré las herramientas para entender por qué me estaba pasando eso, de dónde venía, qué necesitaba para empezar a curar. Hoy miro para atrás y sé que esa angustia fue real, que no la inventé. Pero ya no siento nada de eso, y al mismo tiempo estoy lista para que vuelva a aparecer. Tengo 26 años, la vida sigue, y habrá momentos malos. Si pude reencontrarme con mi sensación de plenitud fue porque empecé a conocerme de verdad: qué me gusta, la gente que quiero cerca, las pelis que consumo, los libros que leo. En algún momento pensé que nunca iba a estar así de vuelta, me da un poco de vértigo decirlo.

-¿Cuándo había sido la vez anterior?

-Cuando competía, a los 17, 18 años. Ahí me sentía plena, con el corazón ocupando todos los huecos posibles. La etapa deportiva la exprimí al máximo y fui muy feliz. Hoy, me sigo entrenando todos los días porque si no gasto energía vuelvo a casa medio zombie.

-¿Padeciste el síndrome de abstinencia por la falta de competencia?

-Los primeros años me costó encontrar dónde poner la pasión, el hueco era igual de grande que el que ocupaba. No estaba esa adrenalina. Pero después me di cuenta de que cada show al que iba, cada situación de presión con un cliente, cada rodaje, era estar muy presente en el momento. Estoy encontrando la adrenalina en otros lugares. Y además puedo expresar una sensibilidad que en el alto rendimiento tenía que ocultar, porque no había lugar para eso. Escribía poemas en mí cabeza mientras nadaba y no sabía dónde ponerlos. Mi foco central estaba puesto en ser deportista, en entrenarme, ir al torneo, punto. Ahora esa sensibilidad está libre, la dejo fluir, y vuelco la determinación y la estructura en mis objetivos artísticos. Hay algo muy materializador en mi personalidad: donde pongo el foco, voy. Doy el cien, porque no me sale de otra manera.

-¿Cuál es tu próximo proyecto?

-Van a ser varias series de fotos, como una continuación de Ninfas, también solo con mujeres que exploran la feminidad en el paso a la adultez. Ya hicimos un primer shooting. La idea es acumular series en distintas locaciones de Argentina. No sé bien para qué todavía. Siento que lo que estamos haciendo ahora dialoga más con el lenguaje de un fotolibro. También estoy escribiendo un corto, y en mi cabeza tengo un esquema, como cuando los detectives unen puntos en el corcho, donde todo dialoga entre sí. Me gusta tener esa versatilidad, un abanico de formatos distintos para expresarme.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/delfina-pignatiello-intima-pense-que-nunca-iba-a-estar-bien-de-nuevo-nid16052026/

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