El dolor de Belén Giménez tras las muertes de René Bertrand y María Rosa Fugazot
Son tiempos difíciles y muy tristes para Belén Giménez. Hace un año ...
Son tiempos difíciles y muy tristes para Belén Giménez. Hace un año murió René Bertrand, el amor de su vida durante 18 años y papá de sus hijos, Sofía (8) y Franco (5). Y hace poco más de un mes falleció María Rosa Fugazot, que era mucho más que una suegra. “La Fugui era como una mamá”, dice con los ojos llenos de lágrimas. En estos días empieza con los ensayos de una comedia que estrenará en septiembre en la cartelera porteña y tiene muchas ganas de concretar un proyecto que acaricia desde hace tiempo: un canal de YouTube para niños. Mientras sus hijos juegan y dibujan, entretenidos, la actriz conversa con LA NACION sobre los últimos meses de René y de María Rosa y cuenta cómo está transitando el duelo. También confiesa que hace un tiempo tuvo un amor cordobés, pero la historia no prosperó, aunque le sirvió para volver a sonreír y lo agradece.
View this post on InstagramAdemás, recuerda sus primeros años en Buenos Aires, cuando llegó de su Jujuy natal con 17 años para estudiar actuación y baile, sus días en la escuela de Julio Bocca y su experiencia como secretaria en los programas de Gerardo Sofovich. Sin embargo, esta etapa de duelo la atraviesa y no puede disimular su dolor durante la charla, solo lo hace cuando sus hijos están cerca. Entonces, una sonrisa le aflora una y otra vez cuando los mira. “Bajé 28 kilos en este último año. No por hacer dieta, sino por tristeza. Me pasó un tsunami por encima... Estaba re triste. Se me cerró el estómago”, detalla.
—¿Cómo estás transitando el duelo?
—Como puedo. Lo de René fue muy rápido. Tuvo cáncer urotelial (en la uretra) y enseguida se extendió a los huesos. Nos enteramos a fines de enero en Carlos Paz, donde estábamos haciendo teatro. El 2 de febrero ya nos volvimos para hacer todos los estudios. Todo empezó con un dolor fuerte en el omóplato; tenía una bolita que en poco tiempo creció como una pelota de tenis. Y en junio falleció. Fue muy difícil, no solamente porque tengo dos hijos chicos y Franco tiene síndrome de Down, sino porque tengo que aprender a conocerme sin mi compañero. Y en eso estoy. Es rarísimo. Me pregunto quién soy ahora, en esta versión. Y los nenes lo extrañan mucho. Es como volver a reprogramarte.
—¿Y estás pudiendo hacerlo?
—Estoy en el proceso. No puedo tirarme en la cama a llorar. Lo hago cuando mis hijos no están en casa. Mis hijos entienden todo; son hermosos, re buenos y compañeros. Son mi equipo. Es difícil porque con René teníamos una pareja hermosa, siempre nos llevamos súper bien y no discutíamos. Teníamos una familia súper amorosa, adorable. Por eso creo que es tan raro; porque una cosa es que te divorcies y otra que tu amor se vaya y ya no esté y se te desarme todo...
—Hace un tiempo contaste que habías conocido a alguien, ¿cómo es apostar a otro amor cuando todavía estás triste?
—Conocí a alguien, pero es de Córdoba y tiene su vida y su trabajo allá, y yo la tengo acá, y las relaciones a distancia no funcionan. Solo puedo agradecer porque me ayudó a rearmarme, a sonreír de nuevo. Estoy muy agradecida por lo bien que me hizo. Es una gran persona y fue muy lindo, pero ya está. Quiero decir gracias porque me sacó de una tristeza gigante y de verdad empecé a reírme; me ilusioné y fue real. Hoy estoy enfocada en mis hijos, en las terapias de Franco, en llevarlos al colegio, en ponerle onda para que no me vean siempre triste. Y también estoy ilusionada con un proyecto de teatro que me inyecta energía.
Otro duro golpe—El último mes también falleció María Rosa, que era una ayuda grande con tus hijos y una compañía.
—Sí. La Fugui era como mi mamá. María Rosa estaba trabajando en teatro y tres semanas antes había terminado de filmar una película y tenía otras propuestas. El tema es que estaba muy triste y no quería comer, no quería tomar agua, se caía mucho. Se vino abajo. Hablábamos todos los días o nos veíamos... Yo la había visto tres días antes de que falleciera.
—¿Cómo se llevaban?
—Nos llevábamos muy bien y hasta hemos vivido juntas con René, en temporadas y en casa también. Fue un golpe grande su partida... Cuando me sentía triste la llamaba por teléfono o ella me llamaba a mí, y venía y me daba un abrazo. Lo mismo con los chicos. El otro día mi hija me dijo: “Te das cuenta de que nos quedamos solas”. Y yo le respondo que no estamos solas. Le digo que papá y la abuela siempre van a cuidarnos desde el cielo. Y están mis amigas que son como familia porque nos conocimos en la residencia de monjas del Sagrado Corazón, donde vivía cuando vine de Jujuy. Y tengo amigas del teatro y amigas que son las mamás de los compañeros de mis hijos. Son mi tribu.
—¿En ellas te apoyás para seguir?
—Sí. Son mi red de contención sobre todo cuando quiero gritar desesperada.
—¿Y se te ocurrió en algún momento volver a Jujuy?
—No, porque este ya es mi lugar en el mundo. Acá tengo todo lo que me gusta y mi hija tiene sus amiguitos, el colegio y las terapias de Franco.
—¿Tenés miedos?
—Antes no. Con René hacíamos mucha autogestión; él escribía, dirigía y producíamos las obras. Ahora no puedo ponerme a producir y, por primera vez, siento miedo. Antes nunca había tenido miedo. Por suerte ya empezamos a ensayar una comedia y quiero concretar algo que siempre quise y es un canal de YouTube para niños. Me la paso viendo cosas de niños. Ya estoy escribiendo canciones. Quiero jugar como juego con mis hijos en casa.
—Decías que tenés un proyecto teatral, ¿de qué se trata?
—Es una comedia de la que no puedo contar mucho porque todavía se está terminando de definir el elenco. Estrenaríamos a mediados de septiembre en Buenos Aires. Ya nos juntamos para hacer la primera lectura en casa porque yo estoy con los nenes. Me convocó José Quiroga, que fue mi compañero en Switch y con quien habíamos trabajado otras veces. También me habían llamado para hacer El conventillo de la Paloma, pero no me daban los tiempos para ensayar.
“Fue el sueño de toda mi vida”—¿Viniste de Jujuy para ser actriz?
—Vine a mis 17 años para estudiar en el IUNA y en paralelo hice la escuela de Julio Bocca y Ricky Pashkus. Yo bailaba desde que tenía tres años y medio, y después le fui agregando canto y teatro. Un poco de todo. Recuerdo que veníamos a Buenos Aires con mi familia y yo quedaba fascinada con las marquesinas, mirando cómo se paraban los actores, sus manos, el pelo, el vestuario. Con 4 o 5 años les decía a mis padres que iba a ser actriz y a vivir en Buenos Aires. Y me decían: “¿Y papá y mamá cómo van a hacer para verte?”. “No sé, me vendrán a visitar”, respondía. Fue el sueño de toda mi vida.
—Y lo cumpliste, ¿cómo se dio?
—El primer trabajo que tuve y por el que me pagaron fue como bailarina de tango en el Centro Cultural Borges. Era un espectáculo para turistas, un elenco al que me sumaron desde el IUNA. Y en el verano me iba a Mar del Plata como bailarina de otros elencos. Fui ensamble en obras de Pepito Cibirán, como Aquí no podemos hacerlo, y también fui secretaria de Gerardo Sofovich. Un día vi una publicidad en la tele que decía: “Si querés ser una chica Sofovich, presentate en Conde 70”. No me voy a olvidar nunca. Yo no tenía ese perfil, no era voluptuosa sino más bien delgadita y con el pelo larguísimo. No me veía en ese lugar, pero quería cantar y bailar y me animé. Siempre me presenté en los castings muy segura, pero esa vez fue distinta. Me puse la única pollerita blanca y una remerita verde, la más sexy que tenía, porque me vestía muy informal. Cuando entré al lugar vi que las chicas estaban muy tranquilas vestidas, pero cuando las llamaban se transformaban: se ponían brillos y tacos de acrílico.
—Pero quedaste elegida...
—Sí, y trabajé con Sofovich durante muchos años. Hice Sin límite de película, A la manera de Sofovich, La peluquería de Don Mateo. También hice teatro con Gerardo: Caliente, Terapia Intensísima, El champagne las pone mimosas, Referí Cornú...
View this post on Instagram—Y ahí conociste a René...
—Sí, y empecé a hacer más comedias porque estábamos todo el tiempo soñándolas y pensábamos qué hacer, el libro, la música, esto y aquello. Compartíamos mucho.
—En esa obra también trabajaba María Rosa; así que conociste a tu novio y a tu suegra juntos.
—Sí, pero yo no supe que era mi suegra hasta que habíamos empezado a salir con René. Éramos compañeros de elenco y María Rosa contaba cosas de su hijo y cuando se refería a René, que además era el director, le decía “señor”. Y él le decía “María Rosa”. Empezamos a salir y un día me quedé a dormir en su casa y a la mañana me levanté, fui a la cocina y vi a María Rosa. Volví y le conté a René y ahí me dijo que era su mamá , así me enteré.