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El hijo de un comandante nazi que investigó a su padre, se convirtió al judaísmo y sirvió en el ejército israelí: “Me llamó traidor”

Bernd Wollschlaeger aún recuerda cuando lo llamaron de la escuela judía de North Miami Beach por algo que había contado su hijo sobre la familia. No salían de su asombro y necesitaban saber si ...

Bernd Wollschlaeger aún recuerda cuando lo llamaron de la escuela judía de North Miami Beach por algo que había contado su hijo sobre la familia. No salían de su asombro y necesitaban saber si habían entendido bien. El chico dijo frente a toda la clase que su abuelo había sido comandante de tanques del ejército nazi y que el propio Adolf Hitler lo había condecorado por su actuación en la guerra.

Era cierto. El abuelo había sido nazi. Pero para explicar cómo el nieto de un nazi había llegado a una escuela judía, Bernd tenía que contar su propia historia y la decisión que los separó para siempre.

La infancia y un padre al que admiraba

Bernd nació en 1958. Creció en Bamberg, una ciudad de Baviera. Aunque había pasado más de una década desde el fin de la Segunda Guerra Mundial sus padres la recordaban de maneras muy distintas.

Su madre, Elizabeth, había perdido a sus padres y había tenido que dejar su hogar en los Sudetes, una región de Checoslovaquia donde se hablaba alemán. Para ella, habían sido años de dolor y pérdidas. Arthur, su padre, en cambio, hablaba de esa época con orgullo. Había sido comandante de tanques en el Frente Oriental y el propio Adolf Hitler lo había condecorado con la Cruz de Caballero. Años después de la derrota, seguía admirándolo.

Cuando salía a cazar o pescar, Arthur le contaba historias de la guerra. Bernd también las escuchaba en su casa, cuando los antiguos compañeros de su padre se reunían para recordar los “buenos viejos tiempos”. Para ellos, Arthur era un héroe. Para su hijo, también. “Mi padre decía que fue la mejor época de su vida”, recordaría después.

Pero había cosas que Bernd no entendía. Su familia alquilaba parte de la casa de Nina von Stauffenberg, viuda de Claus von Stauffenberg, el militar que había intentado asesinar a Hitler en julio de 1944. Arthur lo llamaba traidor. Sin embargo, cuando Bernd jugaba con sus nietos y veía las fotos que Nina guardaba, encontraba el recuerdo de un hombre querido por su familia. Era chico para entender por qué su padre hablaba de él con tanto desprecio, pero esa duda lo acompañaría durante años.

También había silencios. Cosas que Arthur prefería no hablar. Bernd conocía las sus hazañas militares, pero sabía muy poco de las víctimas de la guerra. Cuando empezó a preguntar, su padre negó el Holocausto y rechazó cualquier versión que contradijera la suya.

Las preguntas después de Munich

En 1972, cuando Bernd tenía 14 años, el atentado contra la delegación israelí en los Juegos Olímpicos de Múnich le trajo nuevos interrogantes sobre el pasado familiar. Según contó después, las noticias hablaban de judíos asesinados otra vez en Alemania. Él se quedó pensando en esas dos palabras: “otra vez”. ¿Qué había ocurrido antes? Esta vez decidió buscar la respuesta fuera de su casa.

En la escuela, los profesores le contaron lo que su padre negaba. La persecución y asesinato de millones de judíos. También comenzó a leer sobre el nazismo. Mientras más leía, menos entendía los relatos de su padre. También encontró una fotografía de Arthur sentado junto a Heinrich Himmler, el principal artífice del Holocausto. ¿Cómo podía decirle que nada de eso había ocurrido?

Cuando Bernd volvió a preguntarle, su padre se enojó y acusó a sus maestros de comunistas. “No solo me sorprendió oírlo, sino que me quedé perplejo porque mi padre era un héroe de guerra, debía saber algo. Le pregunté y me dijo que todo era mentira, que mis profesores eran comunistas y que el Holocausto nunca ocurrió”, recordó Bernd en Jewish News en 2020.

Pero Bernd insistió. Años después, recordaría que las respuestas de Arthur iban cambiando: a veces negaba los crímenes; otras, aseguraba que no había participado o culpaba a las SS.

Las discusiones se mantuvieron durante años. Bernd quería saber qué había hecho su padre y qué pensaba de todo eso. Un día Arthur expresó abiertamente su desprecio por los judíos y justificó su asesinato. Para Bernd fue un quiebre, derrumbó la imagen de la persona que había admirado desde niño. “Mi padre pasó, para mí, de héroe a delincuente común”, contó a New Jersey Jewish News en 2010.

El primer viaje

Hasta entonces, Bernd había aprendido sobre los judíos sin conocer personalmente a ninguno. A los 19 años, un profesor lo ayudó a participar de un encuentro con jóvenes israelíes judíos y árabes que visitaban Alemania. Allí conoció a Vered y se hicieron amigos. Meses después viajó a Israel para verla.

La familia de ella lo recibió con los brazos abiertos. Durante la visita, a Bernd le llamó la atención lo bien que el padre de Vered hablaba alemán, entonces le preguntó dónde lo había aprendido y el hombre le mostró el número tatuado en el antebrazo. Había sobrevivido a Auschwitz.

En su casa, las preguntas sobre el Holocausto generaban discusiones. Pero ahora, ese hombre que había pasado por un campo de exterminio lo recibía y estaba dispuesto a hablar con él. Según recordó Bernd, el hombre le explicó que no odiaba a los alemanes, pero quería saber qué les enseñaban sobre lo ocurrido. Durante la estadía, Bernd lo acompañó a Yad Vashem, el centro de conmemoración del Holocausto en Jerusalén. Ahí, Bernd lloró cuando entendió la dimensión de lo ocurrido.

Cuando regresó a Alemania, buscó una comunidad judía en su ciudad y empezó a ayudar durante el Shabat, el día de descanso judío. Como todavía no era judío, podía ocuparse de algunas tareas que los observantes tenían restringidas, como encender y apagar las luces. Volvía cada semana. Aprendía las oraciones, se familiarizaba con las costumbres y conocía las historias de quienes lo recibían. Con los años, esos vínculos se hicieron más cercanos, mientras la relación con su familia se volvía cada vez más difícil.

Una nueva vida

Un día le pidieron que recitara el Kadish junto a la tumba de un amigo que había muerto sin familiares que lo acompañaran. Según contó Bernd, el hombre había integrado un Sonderkommando, uno de los grupos de prisioneros judíos obligados por los nazis a trabajar en las cámaras de gas y los crematorios, retirando y quemando los cuerpos de las víctimas. Despedirlo con aquella oración fue un momento decisivo en su acercamiento al judaísmo.

Cuando quiso convertirse, le pidió ayuda a Itzhak Rosenberg, referente de la comunidad judía de Bamberg. La preparación llevó años e incluyó la enseñanza del rabino Nathan Peter Levinson. Según relató a Jewish News en 2020, se convirtió en Alemania en noviembre de 1986. Para entonces también había terminado sus estudios de Medicina.

Decidió mudarse a Israel para empezar una nueva vida. La noche anterior al viaje fue a despedirse de su padre, pero Arthur lo rechazó. “No quería verme. Me llamó traidor. Estaba borracho como siempre, pero me llamó traidor. Y ahí quedó la cosa”, recordó en una entrevista con Jewish News en 2020.

Arthur murió en junio de 1987 y fue despedido con honores militares. Según contó Bernd, su padre había dejado por escrito que no quería que asistiera al funeral, usara su apellido ni se acercara a su tumba. También le había enviado cartas a Israel. Bernd tardó veinte años en animarse a leerlas. Las describió como desgarradoras, llenas de ira y desprecio: en ellas, su padre se debatía entre el amor por él y el rechazo a la vida que había elegido.

En Israel, Bernd se incorporó al ejército como médico. Se casó y formó su familia. Su madre tampoco comprendía la conversión. Según recordó, le preguntaba cómo podía identificarse con los judíos si ellos, los alemanes, también habían sido víctimas de la guerra. Tras la muerte de Arthur, Elizabeth desarrolló demencia. En 1990 lo visitó en Israel por única vez. Al verlo con el uniforme militar, le dijo: “Veo a Arthur en vos, vos también te convertiste en un guerrero”. Bernd intentó hablar de lo que había pasado entre ellos, pero ya no fue posible.

En 1991 se mudó con su esposa a Estados Unidos, donde siguió ejerciendo la medicina. Tuvo tres hijos, criados en la fe judía. “Soy israelí y judío, y da la casualidad de que nací en Alemania”, explicó a New Jersey Jewish News en 2010.

Las preguntas de sus hijos

Durante años, Bernd prefirió no hablar de su padre. Pero sus hijos crecieron y empezaron a preguntar por los abuelos. Entonces, fue él quien tuvo que responder.

Cuando su hijo contó en la escuela que su abuelo había sido nazi, lo convocaron para confirmar la historia. Después se animó a compartirla con la comunidad escolar. Una docente conocía a un periodista y aquel relato terminó en la tapa del Miami Herald. A partir de entonces llegaron las invitaciones para hablar ante otros públicos, primero en Estados Unidos y después en otros países.

En 2007 publicó A German Life: Against All Odds, Change Is Possible (Una vida alemana: contra todo pronóstico, el cambio es posible), donde reconstruyó su infancia, las discusiones con su padre y las decisiones que los habían separado.

Bernd cambió de religión, país y ciudadanía, pero conservó su apellido. Según explicó, quería mantener algo que le recordara de dónde venía. También, con el tiempo, encontró una manera de hablar del perdón sin justificar a su padre. “Lo perdoné por quien era, no por lo que les hizo a los demás”, dijo en una entrevista en 2020.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/el-hijo-de-un-comandante-nazi-que-investigo-a-su-padre-se-convirtio-al-judaismo-y-sirvio-en-el-nid23102026/

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