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El miedo y la incertidumbre de los argentinos en medio de los violentos disturbios en Francia: “Me hizo acordar a 2001”

PARÍS.– Manuela Artola tardó una hora en volver a su casa el domingo, en medio de las ...

PARÍS.– Manuela Artola tardó una hora en volver a su casa el domingo, en medio de las protestas que sacudieron París. En el camino llamó a su madre para pedirle que la acompañara por teléfono, tenía mucho miedo. A su alrededor había personas encapuchadas, incendios, gases lacrimógenos y objetos que volaban por las calles. “Por momentos tenía que salir corriendo en las esquinas porque tiraban cosas y no sabías qué era”, recuerda en diálogo con LA NACION. La escena le resultó familiar por una razón inesperada: “Me hizo acordar a los saqueos de 2001 en la Argentina”.

“El público empezó a transformarse y ahí se volvió realmente violento. Empezaron a destrozar todo. Al principio era una manifestación como debería haber sido, con gente que salía a protestar, pero después se puso oscuro”, asegura.

Artola, de 33 años, lleva siete años en París y vive cerca de la Plaza de la República, uno de los principales puntos de concentración de las protestas. Trabaja en el área de prensa de la marca de lujo Jean Paul Gaultier y ya había atravesado las movilizaciones de los chalecos amarillos, en 2019. Pero asegura que nunca había vivido algo semejante. El domingo por la noche, al regresar de cenar con amigos, encontró a unas 30 personas que destrozaban un comercio en la esquina de su casa.

Disturbios en París

“Estaban entrando en una especie de brasserie, y rompían todo con bates y otros objetos. En mis siete años en París nunca había llamado a la policía ni a una ambulancia, pero esa noche los denuncié. Te da mucha impotencia ver cómo rompen porque sí”, cuenta.

El impacto, dice, va más allá de los daños materiales. Al día siguiente vio a comerciantes y vecinos recoger vidrios, barrer las veredas y revisar qué les habían robado. “Hay tanta gente que vive del día a día y de repente queda todo destruido. Hay personas a las que les lleva tres años construir su cafetería y después lo pierden todo. Es realmente desgarrador”, señala.

La incertidumbre persiste ante la posibilidad de nuevos incidentes. “Ayer durante el día fue un poco como el día después: la gente salía a la calle, pero con miedo. Hacia la tarde nos tranquilizamos un poco, pero de repente a la noche todo volvió a ponerse bastante violento”, cuenta Artola. Por eso, cree que muchos parisinos optarán por quedarse en sus casas. “La gente se está guardando bastante. Creo que hoy nadie va a salir”, concluye.

Ante la posibilidad de nuevas movilizaciones, decidió viajar a Londres y permanecer allí hasta el domingo, con la opción de extender su estadía.

La experiencia de Artola refleja una de las caras más inquietantes de la crisis que atraviesa Francia. Las manifestaciones, que comenzaron con reclamos estudiantiles por las condiciones de las escuelas y la falta de recursos, se ampliaron hacia el descontento por el costo de vida y los servicios públicos. El sábado, las marchas derivaron en enfrentamientos, incendios y saqueos en distintas ciudades. Las autoridades contabilizaban unas 2400 detenciones durante el fin de semana y más de 3000 comercios dañados o saqueados.

En ese contexto, otras argentinas que viven en París también modificaron sus rutinas, aunque sus experiencias fueron diferentes. Sofía, que estudia un posgrado en Finanzas, comparte departamento con Clara, de 27 años, en la zona de Bastille, a pocas cuadras de Le Marais. Ninguna de las dos presenció directamente los episodios más violentos, pero ambas sienten sus efectos en la vida cotidiana.

“Se escuchan ruidos de protestas y sirenas todo el tiempo, todos los días y desde muy temprano. Hay muchos camiones de policías”, cuenta Sofía. Durante las manifestaciones, especialmente los fines de semana, asegura que llegaron a ver hasta 20 camiones policiales en la zona. Al principio no tenía miedo de salir, pero esa percepción cambió después de ver videos en TikTok y recibir mensajes de conocidos que le preguntaban si estaba bien. “Las redes sociales hicieron que me diera un poco más de miedo salir. Hoy me desperté y tanteé que no hubiera ruido porque, si había, no iba a salir”, relata.

Clara, en cambio, destaca que el paisaje de su barrio no refleja necesariamente la magnitud de los incidentes. Aunque viven cerca de uno de los focos de las protestas, al salir a la calle encontró comercios intactos y pocas señales de los destrozos. “Pensé que en esta calle iba a haber más cosas rotas, pero en realidad los violentos se concentran en dirección a République”, explica. “Sí se ven personas encapuchadas y con palos en otras zonas”, aseguró.

Sin embargo, la preocupación también modificó sus decisiones. Durante un viaje a Burdeos, ambas evitaron las zonas afectadas y se trasladaron a otro pueblo para no coincidir con las manifestaciones. Cuando regresaron a la estación de París cerca de la medianoche, optaron por tomar un taxi en lugar del metro. “Dijimos: ‘Por las dudas, vamos en taxi’”, recuerda Clara. Durante el trayecto, alguien arrojó una botella de vidrio al vehículo, aunque no llegó a golpear al conductor. También cuentan que un compañero de la facultad tuvo que apurarse para cerrar la puerta de su casa cuando algunas personas intentaron forcejearla.

Eugenia Lago, otra argentina residente en París y directora de ventas de una compañía de software, ofrece una mirada distinta. Para ella, las manifestaciones forman parte de la vida política francesa y no necesariamente provocan temor. “Acá es bastante normal que haya protestas y manifestaciones. A la gente le gusta poder manifestarse”, explica. El sábado pasó por la Place de Clichy, cerca de su casa, cuando debía tomar el transporte público para ir a una cena. Encontró los accesos cortados y los colectivos sin circular, por lo que finalmente tuvo que recurrir a un Uber.

A diferencia de Artola, Lago no presenció escenas de violencia durante su recorrido. “Lo que más me impactó para bien, fue no haber visto a personas generando caos. En general, vi estudiantes y personas que se manifestaban pacíficamente, y eso me sorprendió”, cuenta. Aun así, intentó evitar las zonas más conflictivas.

Para Lago, el problema también abre interrogantes sobre el rumbo político del país. En conversaciones con su marido y amigos franceses, dice, aparecieron cuestionamientos sobre las falencias del Gobierno y los problemas sociales y económicos. “Es una situación triste, que da mucho lugar a reflexionar sobre qué está pasando en Francia y por qué”, señala. También se pregunta qué efecto tendrán los disturbios en las elecciones presidenciales previstas para abril de 2027.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-miedo-y-la-incertidumbre-de-los-argentinos-en-medio-de-los-violentos-disturbios-en-francia-me-nid19102026/

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