El mundo contra Infantino: la mayor obra de autodestrucción después de “cortarse solo”
“El mundo entero te ha dado la espalda. ¡Fuck off Infantino!”. El cartel que mandó “a la mierda” a Gianni Infantino, “verdadera mafia del fútbol”, fue exhibido el sábado por hinchas...
“El mundo entero te ha dado la espalda. ¡Fuck off Infantino!”. El cartel que mandó “a la mierda” a Gianni Infantino, “verdadera mafia del fútbol”, fue exhibido el sábado por hinchas del Lausana en la cancha del Basilea. Hasta en Suiza, su tierra sagrada, Infantino pasó de rey a villano. Padre del exitoso Mundial de 48 selecciones. Reelección y Mundial de 64 selecciones en el bolsillo. Futuro político dorado. Todo arruinado en apenas días. Ayer, la FIFA desmintió que Infantino esté buscando ahora un apoyo público salvador de la Casa Blanca. Paradójicamente, fue Donald Trump quien inició acaso el derrumbe. Cuando en pleno Mundial ostentó poder para que la FIFA levantara la suspensión al goleador estrella de Estados Unidos, Folarin Balogun, y dejó en ridículo a su amigo. Lo que siguió fue todo de Infantino. En la hoguera de las vanidades, se creyó dueño del fútbol. Protagonizó la mayor obra de autodestrucción.
¿Cómo fue que el hombre que podía fumar bajo el agua creyó que podía vender él solo la comercialización parcial de los Mundiales, el mayor juguete en la industria del entretenimiento global? ¿Se mimetizó en el estilo avasallante de su amigo Trump? ¿Se fascinó cuando los multimillonarios del mundo, como contó Financial Times, le propusieron el negocio un año atrás en su tradicional Conferencia de Sun Valley? ¿Se ilusionó creyendo que la oferta de dinero rápido y fácil le permitiría mantener ingresos que serán imposibles de repetir (a menos que todas las Copas Mundiales se hagan siempre en Estados Unidos y con boletos dorados)? ¿Creyó que darle ese negocio al hermano del yerno de Trump (Joshua Kushner) le garantizaría poder eterno? ¿Y que era mejor planificar los Mundiales futuros con el ex Sillicon Valley, dueño de la F.1 y donante de campaña de Trump Gregg Maffei antes que con sus pares del fútbol? Infantino asistirá este viernes a la asunción del presidente colombiano Abelardo de la Espriella, nuevo aliado de Trump en la derecha dura global. Al presidente de la FIFA sigue gustándole más la política que el fútbol.
Hasta sus más íntimos colaboradores afirman hoy que Infantino se cortó solo. Que no debatió con ellos si era realmente un buen acuerdo vender el 20 por ciento del negocio de los Mundiales por 20 mil millones de dólares, después de saberse que solo la última Copa de 2026 registró ingresos cercanos a los 13 mil millones. Si realmente el negocio no ponía bajo peligro la soberanía de la FIFA a la luz de la experiencia reciente en Estados Unidos: pausas de hidratación, entretiempo, política de visados y hasta el caso Balogun. Si, en todo caso, y con tanto dinero en la caja, no habría sido mejor asegurarse apoyo masivo de reelección ofreciendo dinero propio de la FIFA y no los 80 millones de dólares en una década para cada Federación que prometía el acuerdo con el nuevo socio inversor. Es una cifra notable para Federaciones pobres, que reciben apenas millón y medio por año y que tienen el sueño legítimo de irrumpir como Cabo Verde. Pero, más que solidaridad, sonó a extorsión. Difícil representar a los pobres de la mano de Trump.
Europa lidera la oposición. Amenazó con demandas legales a Infantino y a Kushner. Pero Europa sabe que su arrogancia histórica irrita al Tercer Mundo. El canadiense Víctor Montagliani, presidente de la Concacaf, y que solo dos meses atrás abrazó a Infantino en el Congreso de Vancouver, sería la cara de las alianzas que la UEFA precisa para echar al suizo en las elecciones del 18 de marzo en Rabat. Algunos creen que será difícil alcanzar los 106 votos (la mitad más uno del total de 211). Y que hay que actuar ahora mismo. Infantino convocó ayer a una reunión de emergencia de su Consejo. Su fortín electoral está en Africa. La Conmebol supo estar cerca de la UEFA (“vas a quedar como el presidente que permitió que la FIFA deje Europa y se vaya a Estados Unidos”, cuentan que el paraguayo Alejandro Domínguez le dijo una vez a su par esloveno Aleksander Čeferin). Pero la Conmebol, que celebrará una reunión mañana para debatir “la nada” (el proyecto ya cancelado de Infantino), precisa a la FIFA para su Mundial 2030 con 64 selecciones, un sueño que ahora también quedó comprometido.
El fútbol se sometió a su jaula dorada. La Conmebol sabe que su nueva bonanza económica depende de que la Copa América se eternice en Estados Unidos. Igual que el Mundial de Clubes 2029, otra criatura de Infantino que Europa quiere boicotear. Čeferin tratará el boicot con el qatarí Nasser Al-Khelaifi, ex “enemigo” como presidente de un Club-Estado (PSG), pero que hoy es titular de la Asociación de Clubes Europeos y hasta candidato también de la UEFA para echar a Infantino.
El sustituto de Infantino, ironizó el portugués Miguel Maduro, “será otro Infantino”. Maduro presidía la Comisión de Gobernanza de la FIFA. Fue echado por Infantino. Igual que el titular y el fiscal de la Comisión Etica, el alemán Hans-Joachim Eckert y el rumano Cornel Borbely. Para el profesor suizo de ética Thomas Beschoner, el único modo de salvar al fútbol es “abolir” a la FIFA actual y crear una nueva. “De lo contrario”, escribió Beschoner en Swissinfo, “dentro de cuatro años volveremos a escandalizarnos por los mismos motivos”. Swissinfo es un servicio público de comunicación del Estado suizo. Pobre Infantino. Nadie es profeta en su tierra.