Emiliano Libman: “No es cierto que el BCRA no va a poder bajo ningún punto de vista asistir al Tesoro”
“Es una dirección en la que se han movido muchos de nuestros vecinos, a los cuales les ha ido relativamente bien en términos de construir estabilidad”, plantea el economista Emiliano Libman, ...
“Es una dirección en la que se han movido muchos de nuestros vecinos, a los cuales les ha ido relativamente bien en términos de construir estabilidad”, plantea el economista Emiliano Libman, al analizar la iniciativa del Gobierno para reformar la Carta Orgánica del Banco Central. En diálogo con LA NACION, el investigador del think tank Fundar destaca la búsqueda de generar un marco institucional de mayor independencia de la autoridad monetaria, aunque advierte por su eventual implementación. Al mismo tiempo, enciende luces amarillas por la dinámica cambiaria y el impacto del programa macroeconómico sobre el nivel de actividad y su sostenibilidad.
“Tener un banco central, que es algo que creo que no estaba claro en la campaña de Milei, es algo muy importante. Influye decisivamente sobre la política económica, porque maneja precios muy importantes de la economía, como la tasa de interés y el tipo de cambio. Y, en ese sentido tiene una relevancia crucial sobre la vida de la gente, aunque la gente quizá se da cuenta generalmente cuando las cosas salen mal. Y creo que esta reforma, por lo que se conoce hasta ahora, en lo inmediato no va a tener un cambio significativo sobre la gente, no va a mejorar sustancialmente lo que estamos viendo en los últimos meses, pero en lo filosófico hay algunos puntos que son importantes”, dice Libman.
Emiliano Libman: “El Banco Central todavía no está muy cómodo dejando flotar el dólar"-¿En qué sentido?
-Es importante tener una institución con funcionarios probos que no estén a tiro del Poder Ejecutivo y que estén cambiando cada dos por tres, que tengan un mandato más largo. Creo que es importante que la institución tenga un mandato claro, en cuál es la relación entre el Banco Central y el Tesoro, qué puede hacer el BCRA y qué no, qué puede financiar y qué no, que no le estén enchufando todo el tiempo letras intransferibles. Son cosas importantes de cara a construir una institución de calidad a largo plazo. Es como siempre dice Marina Dal Poggetto, uno riega una plantita y no ve que crece de un día para el otro. En ese sentido, para la sociedad no se va a ver reflejado en lo inmediato, pero creo que es una dirección en la que se han movido muchos de nuestros vecinos, a los cuales les ha ido relativamente bien en términos de construir estabilidad.
-En términos del mandato del BCRA, el Gobierno quiere enfocarlo exclusivamente en la estabilidad de la moneda. ¿Qué implica esa decisión y cómo es la comparación con otros países?
-Eso es básicamente lo que hacen casi todos los bancos centrales. Hay una excepción notable, que es la Reserva Federal estadounidense, que tiene un mandato dual, que es estabilidad de precios y empleo. Pero nuestros vecinos de la región y el Banco Central Europeo generalmente están más concentrados en la estabilidad de precios. Esto no significa que no le va a preocupar el empleo, pero lo que trata de generar este diseño institucional es darle un mandato claro. El diablo estará en los detalles, porque dependiendo del mandato uno le puede exigir al BCRA que rinda cuentas. Es importante entender que este tipo de reformas, que son bastante comunes en casi todos lados, no es un ‘vía libre’ para que el Central haga lo que quiera. La idea es marcar una prioridad. Después tiene un cierto grado de independencia instrumental: cómo llegás a objetivos es más una cuestión técnica que obviamente tiene miles de dimes y diretes. En ese sentido, esto está alineado con la experiencia internacional. Después están las particularidades de nuestro país.
“Se tiene que arreglar”: los problemas de la economía más allá de Vaca Muerta, según Emiliano Libman-Dijo que ‘el diablo está en los detalles’. ¿A qué se refiere?
-Un aspecto muy importante es que Milei dice que el BCRA no va a poder prestarle más al Tesoro, pero eso en realidad, por cómo está redactado, no permite que el BCRA le preste directamente al Tesoro. Hoy, el BCRA financia al Tesoro de diversas maneras: están los adelantos transitorios, el BCRA tiene títulos en la cartera que ha comprado, tiene letras intransferibles, que son instrumentos que no cotizan en el mercado y que aparecieron en nuestra vida cotidiana cuando Néstor Kirchner le pagó al FMI y le enchufó esa letra al BCRA y desde entonces se usó mucho, de hecho, lo usó este Gobierno el mes pasado. Entonces, la letra chica dice ‘No podés comprar bonos en licitaciones primarias, usar adelantos o girar dividendos’, pero no dice nada sobre la intervención en mercados secundarios, que es una herramienta fundamental de la política macroeconómica.
-Es un riesgo ante una corrida o inestabilidad…
-Te doy un ejemplo. En Chile estaba prohibido que el Banco Central comprara títulos en el secundario, y se revirtió en 2020 con la pandemia. Con lo cual, ¿por qué digo que el diablo está en los detalles? Hay que ver la implementación, porque en definitiva no es cierto que el BCRA no va a poder bajo ningún punto de vista asistir al Tesoro. Creo que lo importante de esto es que la clase dirigente internalice que no se puede hacer cualquier cosa con los instrumentos de la política económica, que porque el presidente o el Poder Ejecutivo de algún partido de turno quiere atrasar el dólar porque le conviene para ganar las elecciones o hacer alguna de esas cosas que son tan comunes en la economía argentina no sea gratis. Ese es un poco el espíritu de la reforma.
-Siempre se debate por la independencia del BCRA. ¿Qué opina?
-Generalmente la independencia se suele pensar como independencia del Ejecutivo, léase, del Tesoro, porque el BCRA tiene la capacidad de asistir, y eso obviamente hace que la política fiscal tenga mucho menos restricciones. Y si vos sos un tenedor de activos en moneda local, es más probable que el Tesoro haga acciones de política económica que puedan afectar la calidad de esos activos. Pero en realidad es que vos no puedas sacar al presidente o remover al directorio. Y también tiene que ser independiente y no tener una relación muy promiscua con los bancos, para que el directorio no haga, por ejemplo, una política que favorezca al sistema financiero. Es independencia en el sentido de que hay un conjunto de representantes en el directorio con un mandato claro y la capacidad de elegir los mejores instrumentos. Pero no es una caja negra. Y tiene que rendir cuentas a la sociedad. No es la idea de una casta.
-¿Y cuál es el análisis del desempeño del BCRA durante esta gestión?
-No hubo una única política monetaria y cambiaria, sino que hubo varias. En un primer momento, estuvo la devaluación inicial y una política monetaria que al principio estuvo bastante acertada. Los instrumentos en pesos estaban por debajo de la inflación, hubo una especie de licuación, y la verdad es que situación en la cual Milei llegó al Gobierno era bastante dramática. Estábamos a un paso de perder la moneda. De hecho, la promesa de Milei iba en otra dirección a lo actual. Después, vino una etapa donde el BCRA empezó a hacer el crawling peg y atrasar el tipo de cambio, y eso siempre en nuestro país ha sido para muchísimos problemas. Pero lo hizo porque tenía un objetivo claro de bajar la inflación, porque percibía y sigue percibiendo que eso es su principal activo. Por eso, uno de los instrumentos que usó, además de pisar un poco los salarios, fue atrasar un poco el dólar. Eso tuvo sus problemas, se generó una corrida, hubo que ir al FMI y después vino Bessent, y desde entonces el esquema se empezó a flexibilizar, lo cual es un acierto. Pero me da la sensación de que el BCRA todavía no está como dejando flotar el dólar.
-¿Cómo se da esa intervención?
-Vale una primera aclaración. El BCRA está comprando dólares, lo cual es muy importante. ¿Si no fuera así, bajaría más el dólar? Un poco, sí. Pero también es cierto que el BCRA ofrece rendimientos mediante los contratos de futuro y los dólar-link, entonces para quien se queda en pesos y trae los dólares, tiene una cobertura. Siguen las restricciones cambiarias, con el cepo para las empresas bastante vigente, entonces en este contexto el Gobierno no está muy cómodo para dejar que se vaya el dólar en un mercado cambiario más libre como el que tienen los vecinos de la región, porque eso va a tener repercusiones inmediatas en la inflación, y eso es el principal problema para el Gobierno. Y obviamente, esto tiene consecuencias sobre varios sectores de la economía, que no pueden tener perspectivas a largo plazo con este nivel cambiario, dado el conjunto de cosas que es la economía argentina, con las rutas que se caen a pedazos, con esta estructura impositiva y demás.
-¿Cómo es el impacto de este nivel cambiario sobre la economía?
-El problema no es sólo la política cambiaria y monetaria del Gobierno, sino es la política macroeconómica en general, que está descansando excesivamente en un puñado de sectores que vienen creciendo, que son los bancos, el agro y este combo de litio, minería y Vaca Muerta. El problema es que al resto de la economía eso no le alcanza. Y si la oferta de la política económica para la sociedad es esto durante varios años más, me da la sensación de que es un combo incorrecto, en el cual la contribución de la política monetaria y cambiaria es mantener las tasas y el tipo de cambio en un nivel que no ayuda. Si tuvieras estas políticas en otro contexto, a lo mejor la historia sería diferente. Si tuvieses más obra pública, si no estuviesen entrando tantas cosas importadas de China o y si hubiese alguna política distinta hacia la industria quizás no estaría tan mal. Y así se bancaría por ahí un dólar no tan conveniente como tuvo en otras épocas.
-¿Qué ve hacia adelante, de prolongarse este contexto de políticas?
-Dependerá obviamente del resultado electoral del año que viene. Esto tiene chances de sostenerse desde el punto de vista financiero, de hecho el Gobierno tiene al tipo de cambio bastante controlado. Me genera alguna inquietud y alguna pregunta que uno ve que la ciudad de Buenos Aires está llena de gente durmiendo en la calle, y este es un distrito que tiene un nivel de ingreso per cápita similar a ciudades o países europeos. La sostenibilidad de esto, si dura más años, no lo sé. Y ni siquiera es desde el punto de vista de un opositor, sino de qué va a hacer Milei si en cuatro años la economía no despega y no puede generar empleos de calidad.
-En cuanto a la difusión a otros sectores más allá de los que mencionaba antes…
-No es obvio que con los dólares de Vaca Muerta nos vayamos a salvar. De hecho, uno ve las estimaciones de cuántos dólares podés llegar a generar de acá a cinco o seis años, y te ubican en un nivel de exportaciones por habitante más parecido a Chile que a Australia, Noruega o a un califato árabe. Y me da la sensación de que eso no le va a alcanzar al resto de la sociedad.
-¿Y qué herramientas tiene el Gobierno?
-Hay varios ejes. Uno muy importante es la obra pública, de alguna forma se tiene que resolver. No podemos seguir sin inversión en rutas, hospitales, aeropuertos o en todo lo que es la infraestructura básica. Incluso para los propios sectores ganadores de este modelo. Si realmente es cierto, como dice el Gobierno, que va a haber una transición geográfica y se van a mover millones de personas del AMBA a Neuquén, vamos a necesitar escuelas, infraestructura. Alguna solución a eso hay que darle, y la obra pública está en los niveles más bajos de los últimos 30 años. Y sería mucho más fácil hacer política económica en este país si fuese solo Vaca Muerta, pero necesitamos al menos darle alguna ventaja desde el punto de vista impositivo o algo de mercado interno a la industria. Sin industria el país para 46 millones de habitantes no alcanza. Y creo yo que ayudaría también si la política cambiaria no tuviese conteniendo tanto el dólar.