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Esteros del Iberá: el casco de estancia que hoy es un hotel de lujo y premiado en el mundo

A orillas del Paraná y sobre la RN 12, en el norte de Corrientes, Puerto Valle Hotel de Esteros acaba de ser incorporado al portfolio de Small Luxury Hotels of the World que selecciona hoteles bou...

A orillas del Paraná y sobre la RN 12, en el norte de Corrientes, Puerto Valle Hotel de Esteros acaba de ser incorporado al portfolio de Small Luxury Hotels of the World que selecciona hoteles boutique con estrictos estándares de excelencia y personalidad. Basta con poner un pie en el lugar para percibir los méritos.

De todas maneras, más allá del presente laureado, el sitio tiene muchísima historia. Porque Estancia Puerto Valle nació en el siglo XIX sobre tierras que habían pertenecido a los jesuitas. Hacia 1850, llegó a la región el italiano Bernardino Valle (1830-1896), que adquirió los campos con el antiguo oratorio de Santa Tecla y aquí fundó su estancia en 1868. Como primera construcción montó un rancho, que en 1880 reemplazó por una mayoría –casco de estancia– de tres habitaciones con galerías.

Tras la muerte de Valle, su hijo Leandro, médico y profesor titular de Medicina Operatoria en la Universidad de Buenos Aires, amplió la casa. Más tarde, el establecimiento pasó por distintas manos, que sumaron nuevas instalaciones. Hoy convertido en Puerto Valle Hotel de Esteros, los propietarios son los doctores Hugo Sigman, médico psiquiatra y empresario, y Silvia Gold, bioquímica, dedicados a la industria farmacéutica y biotecnológica, pero además diversificados hacia el cine, la ganadería, la forestación y la hotelería.

Emplazado sobre la franja más ancha del río Paraná –producto de la Represa de Yacyretá–, el hotel gira alrededor de la antigua mayoría de Bernardino Valle, que está restaurada con maestría y es elegida por los dueños cada vez que vienen. A nosotras nos asignan una habitación de 60 m² en el sector nuevo. Y de bienvenida nos invitan a la cava para probar un blend de tintas.

Por la mañana hacemos una caminata de hora y media por un sendero que se interna en el monte nativo, un recodo austral de la selva paranaense. Rodeados de verde y oxígeno, afinamos la audición. Nuestras pisadas sobre la hojarasca, el tic tic tic de algún pájaro carpintero y los monos carayá, que aúllan con ganas. Santiago Martínez Pauwels se detiene para mostrarnos un laurel de hojas alargadas y nervaduras bien marcadas que permiten que el agua que cae corra y escurra. Toda una explicación de la lógica selvática. Luego nos lleva hasta un deck que flota sobre uno de los arroyos mientras los primeros rayos empiezan a templar el día.

Antes del mediodía seguimos desentrañando este tramo poco usual del Paraná. La puesta en marcha de Yacyretá transformó este tramo en un embalse: la elevación del nivel del agua hizo desaparecer la isla Talavera, de la que solo vemos la silueta lejana de árboles muertos y en pie. Con la guía de aves de Narosky y capitaneando la lancha, Gabriel Melgarejo nos interna en otros arroyos que nacen del Paraná. Los aguapés todavía no florecieron, pero mantienen su encanto de manto que se mueve con las olas.

Nos divertimos al fotografiar un martín pescador chico, también vemos uno grande y otro mediano. Una linga se contorsiona simpática y el hocó colorado aterriza cerca de donde estamos. Gabriel escucha un surucuá y recurre a su teléfono para imitar su canto. Al minuto, el surucuá se posa en una rama cercana para que lo veamos mover la cola y marcar territorio. Abrimos un vino rosado bien frío y brindamos por todo lo que nos rodea.

Antes de la salida vespertina al estero, Clara Ángel, chef ejecutiva del lugar, nos deleita con un salpicado de lo mejor de su carta: un chipa so’o de osobuco, buñuelos de pacú, escabeche de surubí y vitel toné de búfalo. Las delicias locales de hoy se complementan muy bien con los platos principales más clásicos de la noche anterior.

Después de media hora en camioneta llegamos al embarcadero de Puerto Valle que está sobre el estero. Aquí también hay repollitos de agua, irupés y aguapés, como en otros portales de los esteros, pero sobre todo hay junquillos. Los yacarés toman sol con la boca abierta –para regular su temperatura corporal porque no tienen glándulas sudoríparas–. Y cuando aparece una jacana, Santiago, nuestro guía de la mañana, cuenta que le dicen “ave cristo” porque camina sobre el agua, como Jesús en uno de sus milagros. Avanzamos por un canal hasta llegar a la laguna Valle y la bordeamos. “Atención a las doce”, susurra para que miremos al frente de la lancha y, de pronto, a un par de metros, un ciervo de los pantanos aparece entre los juncos. Gran instante de contacto visual con este cérvido emblema de Iberá.

“Nutrido solo por agua de lluvia, el estero necesita de las plantas acuáticas para filtrar y regular su evaporación”, comenta el guía mientras prepara un copetín. Lo compartimos cuando el sol se pone sobre este entramado flotante, dinámico y frágil que –increíblemente– todavía muchos argentinos no conocen.

La última comida es en el quincho del hotel, con Saúl Nicolás Ruíz Díaz a cargo de la parrilla. Mollejas, lomo al punto deseado y un mimo más de esta crew eficiente, amable y sinérgica. Porque pasar dos días en Puerto Valle Hotel de Esteros es dejarse mimar sin ser atosigado y conectar con el entorno gracias a guías que saben mucho, pero además respetan los silencios y tiempos de sus huéspedes.

Datos útiles

Puerto Valle Hotel de Esteros Como parte de Small Luxury Hotels of the World, es la opción sobresaliente del norte de Corrientes. Sobre un parque de 14 hectáreas y con vista al río Paraná, son 13 habitaciones atendidas de forma personalizada y en propuesta all inclusive que incluye paseo en lancha por esteros del Iberá, cabalgatas y senderismo. Desde u$s 1137 la doble con pensión completa (no incluye bebidas con alcohol) y actividades. RN 12 Km 1282. T: (3786) 42-5700. IG: @puertovallear

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/esteros-del-ibera-el-casco-de-estancia-que-hoy-es-un-hotel-de-lujo-y-premiado-en-el-mundo-nid25102026/

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