Flavio Bolsonaro sufre un traspié para cerrar su fórmula y expone dificultades para pactar alianzas
BRASILIA.- Mientras el presidente brasileño, Lula da Silva, convocaba a sus bases en la zona norte de San Pablo para la convención que oficializó su candidatura a la reelección junto a Geraldo ...
BRASILIA.- Mientras el presidente brasileño, Lula da Silva, convocaba a sus bases en la zona norte de San Pablo para la convención que oficializó su candidatura a la reelección junto a Geraldo Alckmin, del otro lado del tablero, el senador Flavio Bolsonaro atravesaba un fin de semana menos auspicioso: la fórmula que había armado para competir el 4 de octubre se le desarmó en las manos.
El candidato del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) debió explicar el viernes por qué la senadora Tereza Cristina -ex ministra de Agricultura de Jair Bolsonaro y una de las voces con más peso en el agronegocio brasileño-, a quien había llamado su “sueño de consumo” para la fórmula, finalmente no lo acompañará.
Minutos después de que Flavio confirmara ante la prensa en San Pablo que ella había aceptado, el Partido Progressistas (PP) que integra Cristina, emitió una nota anunciando que se mantendrá neutral para las elecciones del 4 de octubre. “Soy brasileño, no me rindo nunca”, respondió, dispuesto a seguir negociando.
Detrás del portazo formal hay, sobre todo, un cálculo de partido: el PP consultó a sus sedes estaduales y la mayoría prefirió no enfilarse a una candidatura que todavía no despega en las encuestas.
Ayuda poco, además, que su presidente, el senador y exministro de Bolsonaro, Ciro Nogueira, y Flavio quedaron salpicados en el escándalo Master, la causa que investiga al banquero preso Daniel Vorcaro -Flavio niega cualquier irregularidad-, lo que enfrió una relación que en otro momento pudo haber destrabado la alianza.
El reloj corre para el primogénito de Jair Bolsonaro: las convenciones partidarias cierran el 5 de agosto. Y la justicia electoral recibe hasta el 15 de agosto los registros de candidatos y fórmulas.
Flavio negocia ahora con el propio PL, y con otros partidos de centro, Podemos y con Republicanos -donde circula el nombre de Daniella Marques, ex presidenta del banco estatal Caixa Económica Federal-, aunque tampoco está cerrado: Republicanos también evalúa la neutralidad.
El Bolsonaro “01”, como se lo conoce dentro del clan, había prometido, además, que su vice sería una mujer, para ganar terreno entre las votantes que en 2022 acompañaron a Lula. A esta altura, esa promesa es otro síntoma del poco control que ejerce sobre su propia campaña. La decepción por Tereza Cristina se suma, de hecho, a un volantazo en el equipo producido esta semana. El jueves, horas antes del episodio, Flavio había reemplazado a sus dos jefes de marketing por Duda Lima, el publicista que condujo la campaña de reelección de Jair Bolsonaro en 2022.
Lo de Tereza Cristina no es un tropiezo aislado, sino el síntoma de un problema de fondo: el Centrão es un bloque sin ideología fija, cuya lealtad histórica va con quien ejerce el poder, no con quien lo disputa.
“La candidatura de Flavio no está creciendo. Al contrario, está perdiendo intención de voto frente a Lula. Esto generó una dificultad aún mayor que la que tuvo el propio Jair Bolsonaro en 2018 para cerrar alianzas con el Centrão”, explica el politólogo Mauricio Santoro, profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).
En 2018, recuerda, el bloque tardó en sumarse porque apostaba al vicepresidente Geraldo Alckmin, quien compitió por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Hoy la apuesta mayoritaria es la reelección de Lula, reforzada por la última encuesta de AtlasIntel, publicada esta semana, que lo ubica 49% a 43% frente a Flavio en un hipotético balotaje.
Desde el propio bolsonarismo, la lectura es otra -aunque, sin quererlo, confirma la misma lógica-. “El Centrão siempre tiene una tendencia a ser oficialista. Esta vez, no está con Lula solo porque no tienen la seguridad de si Lula gana o no. Y estar en el campo de la oposición no es una característica muy propia del grupo”, se defendió, ante la consulta de LA NACION, el diputado Sóstenes Cavalcante, uno de los referentes bolsonaristas en la Cámara baja.
Y remató con la apuesta de fondo de toda la campaña: “Por eso tengo la convicción de que cuando Flavio Bolsonaro gane, todos van a buscar estar con nosotros”.
Ese estancamiento obligó a Flavio a cambiar el rumbo. Había arrancado como una versión “moderada” del padre -sin agresividad verbal, en busca del voto de centro-, apoyado en su fama de ser el más cordial de la familia.
El sábado, en Santa Catarina, ese perfil quedó lejos: “Lula es un proyecto de dictador, y lo vamos a despedir en octubre”, lanzó, y advirtió sobre el riesgo de que el próximo presidente designe “cuatro Alexandres de Moraes”, repitiendo el perfil del juez némesis del bolsonarismo en el Supremo.
También prometió liberar a su padre y a los condenados del 8 de enero. Es, según Santoro, “un retorno a esa agenda más tradicional del bolsonarismo”, potenciado por el respaldo de Trump y por gestos como la visita de Milei al PL el 25 de julio, que abrió una crisis diplomática sin precedentes.
Con la puerta del PP cerrada por el mismo cálculo frío que frena al resto de los partidos del Centrão, Flavio llegó al día en que Lula formalizó su candidatura sin la certeza de quién estará a su lado en la boleta, todavía débil en la mesa donde se cierran las alianzas.