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“Hemos creído en él”: los ecos de una larga jornada con Juan Pablo II en la Avenida 9 de Julio

“¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!" El grito de la multitud se oía una y otra vez. Se mezclaba en el aire, por momentos, con el sonido de las canciones alusivas a la visita del Papa a la...

“¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!" El grito de la multitud se oía una y otra vez. Se mezclaba en el aire, por momentos, con el sonido de las canciones alusivas a la visita del Papa a la Argentina, que expresaban el agradecimiento al “mensajero de la paz” por “traer la esperanza de un mundo distinto”. O se solapaba con cientos de voces entusiastas que entonaban “Un nuevo sol”, la canción emblemática que, con sus expresiones mímicas, quedó grabada en la memoria de muchos de quienes vivimos aquellos momentos.

Era abril de 1987 y la ciudad de Buenos Aires vibraba, en una zona neurálgica, con uno de los acontecimientos religiosos más grandes de su historia. El sábado 11 y el domingo 12 de ese mes se celebraron en la Avenida 9 de Julio la segunda Jornada Mundial de la Juventud presidida por un Sumo Pontífice –la primera realizada fuera de Roma– y la misa del Domingo de Ramos. Según crónicas de la época, participaron alrededor de un millón de personas. Y allí estaba sonriente, en su segundo viaje al país, Juan Pablo II, quien sería canonizado 27 años después.

Una frase del apóstol San Juan, incluida en una de las cartas con las que proclamó a Cristo, fue el lema del encuentro juvenil: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn. 4,16).

En su mensaje, Juan Pablo II bajó bien a tierra esa expresión. Y afirmó: “Creer en el amor de Dios no es tarea fácil; requiere donación personal, no tranquilizar egoístamente la conciencia o dejar indiferente el corazón, sino hacerlo más generoso, más libre y más fraterno”.

“La visita de un Papa deja recuerdos personales imborrables, pero, sobre todo, deja una experiencia colectiva que fortalece la identidad, la esperanza y el sentido de comunidad”, reflexiona Julián Domergue, que en aquel entonces integraba el Equipo Nacional de Pastoral de la Unión Scouts Católicos Argentinos (USCA) y que, desde ese lugar, formaba parte de la Comisión Nacional de Pastoral de Juventud.

“Pude participar en la preparación, organización y coordinación de la Jornada Mundial de la Juventud y de la misa del Domingo de Ramos desde el inicio hasta el fin; viví todo ese proceso como una gran oportunidad y una verdadera gracia”, cuenta Julián a LA NACION, en las horas previas a la llegada al país de León XIV, el Papa agustino que vivirá una vigilia con jóvenes el martes 10 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires, en la zona del Monumento de los Españoles.

El cardenal argentino Eduardo Pironio, hoy beato y cuatro décadas atrás presidente del Pontificio Consejo para los Laicos en el Vaticano, fue un impulsor de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma. En una de las ediciones de un folleto que publicaba la Comisión Nacional de Pastoral de Juventud, el Cardenal expresaba, al referirse a la decisión de hacer el encuentro en nuestro país: “El Papa conocía el movimiento juvenil en la Argentina, la movilización de la peregrinación anual a Luján y el Encuentro Nacional de Jóvenes en Córdoba de 1985″.

Cuenta Julián: “La preparación se inició un año antes de la visita e involucró a una cantidad enorme de gente. Una comisión nacional buscaba la mayor representación posible de los jóvenes de todo el país”. Se invitó, por ejemplo, a compartir qué le preguntaría cada uno a San Juan Pablo II. “Los temas que resultaron más representativos fueron presentados al Papa para que los abordara y los iluminara con sus intervenciones”, recuerda sobre aquellos tiempos, en los que la comunicación entre personas de diferentes lugares era algo muy diferente a lo que es ahora.

En la vigilia del sábado 11 de abril por la noche hubo, frente al Sumo Pontífice, representaciones artísticas de realidades sociales y culturales que se dividieron en tres bloques: uno argentino, otro latinoamericano y uno mundial. “Gracias, queridos jóvenes, porque en vuestra representación de la realidad latinoamericana habéis querido haceros eco de la invitación a la esperanza que proviene de Cristo. Sí, yo también quiero repetir con vosotros: ‘América Latina: ¡Sé tú misma!’ Desde tu fidelidad a Cristo, resiste a quienes quieren ahogar tu vocación de esperanza", convocó el Papa.

Relata la crónica de la jornada publicada por LA NACION: “En uno de los actos de mayor colorido y emoción de su visita a la Argentina, el Papa asistió a cantos, bailes, alocuciones a jóvenes, y dirigió encendidas palabras a una multitud que lo vivó repetidamente”.

El texto menciona la presencia en un palco lateral del entonces presidente de la Nación, Raúl Alfonsín. Y describe: “El enorme espacio de la Avenida 9 de Julio, de unos 120 metros de ancho, rodeado de ventanas y balcones iluminados, atestados de gente y revestidos por carteles multicolores, brindaba un recinto impresionante a la celebración juvenil, caracterizada por incesantes muestras de alegría”.

En uno de los momentos en los que parecía interminable el grito de “¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!“, el destinatario mostró que recibía el cariño, pero que, a la vez, quería volver al mensaje que había venido a dejar: ”Pongamos que es verdad... Pero este Papa quiere decir unas palabras más", expresó en medio de la aclamación, para lograr así un espacio de silencio y regresar a su discurso.

“Recuerdo la masividad, pero también la intensidad vivida: fue una experiencia de comunión entre personas muy diferentes que nos sentíamos unidas y parte de algo más grande. Abundaban las expresiones de fe y de un gran cariño por un Papa tan querido y trascendente”, comparte Julián, que fue uno de los elegidos para comulgar con San Juan Pablo II en una misa celebrada en el estadio de Vélez Sarsfield para los agentes de la pastoral, esas personas dedicadas activamente a tareas de servicio a la comunidad y a la evangelización.

A mis 14 años, fui parte de aquella jornada en la Avenida 9 de Julio, de esa experiencia enorme de compartir la celebración de la fe, con calma y alegría, en un espacio habituado a las corridas de la vida diaria de una gran ciudad. Conservo todavía una hoja de papel en la que anoté algunas cosas que pasaban y los nombres de personas de diferentes países de América Latina con las que conversé.

Escribí ahí que llegué a las 15 del sábado, con mi hermano Abel, al “corralito” de vallas para el cual teníamos entradas. Y que antes de que llegara el Papa –a las 20.30– hubo algunos chaparrones que no nos impedían disfrutar de lo que pasaba en el escenario, donde representantes de distintos países mostraban sus costumbres.

Después de aquel porteño acontecimiento, la jornada juvenil con presencia papal se replicó en otras ciudades del mundo y personas de diferentes generaciones fueron tomando parte.

Muchos de aquellos adolescentes y jóvenes de hace casi 40 años recordamos con el corazón las emociones que despertó la vivencia. Y esa afirmación tan repetida al cantar “Un nuevo sol”, muchas veces olvidada, pero nunca vencida: “Lo sabemos, el camino es el amor”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/hemos-creido-en-el-la-jornada-de-la-juventud-con-juan-pablo-ii-en-la-9-de-julio-una-experiencia-nid03112026/

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