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Humberto Tortonese: su vuelta al teatro, su rechazo a los realities, el particular refugio que construyó y cómo conoció a su pareja

Humberto Tortonese no tenía previsto conceder entrevistas por su regreso al teatro. Sin embargo, la posibilidad de una charla distendida, terminó por convencerlo. El encuentro con LA NACION suced...

Humberto Tortonese no tenía previsto conceder entrevistas por su regreso al teatro. Sin embargo, la posibilidad de una charla distendida, terminó por convencerlo. El encuentro con LA NACION sucedió en Loro negro, su refugio gastronómico en Colegiales, donde cada objeto revela una historia y cada detalle responde a su particular sensibilidad estética.

Después de 21 años, Humberto recupera su particular versión de La voz humana, el clásico de Jean Cocteau, para volver al escenario del teatro Politeama solamente por seis funciones. Maduro y experimentado por sus 61 años, pero joven en cuanto a estética, curiosidad y plenitud, atraviesa una etapa de libertad plena. Lejos de la exposición cotidiana de la radio y la televisión, y en pareja desde hace cuatro años con Simón, reivindica el derecho a elegir sus trabajos, cuestiona el desprecio por la cultura y reflexiona sobre el paso del tiempo.

-Volvés con La voz humana solo por seis funciones. ¿Qué te llevó a repensar aquella obra?

-Todo empezó en Madrid, cuando acompañé a mi amiga, la Negra Vernaci, a una actividad en la librería Mistral que tiene un lugar importante para el público. Me invitaron a participar y terminé recitando poemas de Alejandro Urdapilleta. Después surgió la posibilidad de hacer algo más teatral y pensé en La voz humana. Me parecía interesante recuperarla, incluso hacer algo más descontracturado, con partes leídas. Fue un éxito. Y después surgió la posibilidad de presentarla acá. Y aquí estoy otra vez estudiando el texto.

-¿Una versión actualizada a los tiempos de hoy o la misma que estrenaste en 2005?

-Es la misma, con pequeños cambios y algo que pueda surgir sobre el escenario. Porque al revisitarla, no sentí la necesidad de cambiar nada por más que hayan pasado dos décadas. Hay algunas cosas que eran muy de aquella época y saqué, como una referencia a Beatriz Olave, la madre de Rodrigo, que gritaba desesperadamente por su hijo. Pero no mucho más, la esencia sigue siendo la misma.

-¿El actor siente que su público se pudo haber perdido o esa fidelidad está garantizada?

-El miedo siempre está, pero no es exactamente pensar que no va a venir nadie o que me olvidaron. Es la incertidumbre misma de hacer teatro. Mucha gente que vio aquella versión ya me escribió para decirme que va a volver a verla. Eso es muy lindo. Además, hay algo interesante con el teatro ahora, la gente está yendo mucho, hay una cultura teatral muy fuerte. En televisión prácticamente no hay ficción y el público necesita encontrarse con otras cosas. Por eso, decidimos empezar con cuatro funciones pero ya agregamos dos más. Y si funciona, tal vez el año que viene seguimos.

-Construiste Loro negro, tu propia atmósfera teatral, gastronómica y performática. ¿Una alternativa laboral o sueño propio?

-Siempre quise tener un lugar. Cuando tenía 20 años había visto en un viaje un barcito donde la gente entraba, tomaba una copa y seguía caminando. Me encantaba esa idea y la contaba en la radio con la Negra. Después apareció la posibilidad de hacer algo más grande, con una propuesta cultural. Con una amiga arquitecta empezamos a imaginar el espacio. Ella volaba con sus ideas, yo le decía que no tenía más plata, que a lo sumo podía vender el auto, pero no mucho más. Apareció Damián Manusovich, sí, el exfutbolista, como socio y fue tomando forma. Empecé a traer objetos, obras de artistas amigos y cosas que encontraba.

-Hoy podría decirse que es un espacio que reúne al público general con artistas itinerantes.

-Sí, el clima fue apareciendo naturalmente. Al principio hicimos una trilogía de espectáculos y la gente empezó a conocer el lugar por las cosas que yo mostraba en las redes. Después vino Lizy Tagliani y se quedó como socia. Pasaron artistas maravillosos como Alejandra Radano, Fabiana Cantilo y tantos amigos. Me encantaría que viniera Elena Roger, pero está siempre trabajando. Una vez vino Susana Giménez con Marley y a los pocos minutos, apareció Julio Bocca. La gente no podía creerlo. Susana se sentó, contó anécdotas y fue una noche extraordinaria. Son encuentros que no se planifican, pero siempre están latentes.

-Te alejaste de la vorágine del medio. ¿Cómo es tu vida hoy?

-Disfruto mucho de esta etapa. Cuando empecé en el Parakultural trabajábamos los fines de semana y tenía toda la semana libre. Me encantaba esa forma de vivir. Era buscada. Después llegaron la radio, la televisión, el teatro y terminé trabajando de lunes a lunes. Era como haber construido una vida de empleado, con horarios y obligaciones, cuando yo había elegido esta profesión justamente para tener más libertad. Ahora disfruto de mi casa, de leer, de estar tranquilo y de preparar los espectáculos de mi restó. Me gusta poder levantarme sin tener que salir corriendo. Ya corrí muchísimo durante muchos años.

-Fueron tres décadas de estar full time. Primero en televisión con Antonio Gasalla y Susana Giménez y luego radio junto a Vernaci.

-Treinta años maravillosos. Una etapa larguísima de mi vida que disfruté muchísimo. Pero también llegó un momento en que sentí que necesitaba cambiar. La tele fue un comienzo muy arriba, con un genio como Gasalla y una diva como Susana y tener que estar a la altura de ellos es un montón. Y la radio era una obligación cotidiana. Hicimos cosas increíbles con la Negra y nos divertimos mucho. Después probé el streaming, pero son etapas que van pasando. No tengo esa necesidad de volver a hacer lo mismo. Necesito cambiar permanentemente, porque si no siento que estoy repitiendo fórmulas y es justamente lo que nunca quise en mi vida.

-Imagino que te habrán tentado muchas veces para realities de canto, baile, cocina.

-El proyecto de por sí me tiene que interesar. Dije que no a muchas cosas y algunas que podrían haber funcionado muy bien, pero no me veía haciéndolas. Con los realities me pasa algo parecido. No digo que la plata no importe, porque si la necesitás, trabajás. Pero hoy no quiero hacer algo que no me guste. La tele de hoy no me convence. Yo conocí una televisión donde nos divertíamos con Gasalla, Susana y Mariana Fabbiani en esa genialidad que fue RSM. Ahora veo demasiada gente peleándose. Parece un gallinero. No podría ser parte de eso.

-¿Los viajes con Marley son esa tele que disfrutás?

-Sí, podría decirse que sí. Igual ojo, Marley es muy responsable, mucho más de lo que la gente imagina cuando nos ve haciendo pavadas. Sabe perfectamente qué tiene que hacer. Recuerdo que nos conocimos en Telefe, cuando yo hacía a la exdiputada Gasconcha con Susana. En ese momento Marley viajaba solo con mujeres y un día apareció la posibilidad de que fuera yo montada. El primer viaje fue a Edimburgo y resultó una locura.

-¿El corazón está a la espera como la televisión u ocupado como el teatro?

-Como el Loro negro por suerte. Lleno. Se llama Simón, nos conocimos hace cuatro años en la calle, a la antigua, y eso fue maravilloso. Había tenido una época complicada, me habían chocado el auto, se habían muerto mis perras y empecé a ir caminando a nadar. Un día estaba por Plaza Las Heras y lo vi. Nos miramos, seguimos caminando, volvimos a mirarnos y terminamos hablando. Él salía de trabajar y yo iba a la pileta. Después me llamó y empezamos a vernos. Son esas cosas que te hacen pensar en el destino, porque si hubiera tenido el auto, probablemente no nos hubiésemos conocido. Tuvimos una conexión inmediata.

-¿Qué encontraste en él y qué significa construir una pareja en esta etapa de tu vida?

-Simón es artista plástico, trabajó mucho con grafitis y sigue estudiando y desarrollando sus cosas. Me gusta que tenga su propio mundo. A esta altura de la vida, tener un compañero es muy lindo, pero también hay que entender que una relación necesita que los dos pongan su parte. No se trata de que alguien esté pegado a vos permanentemente. Él es bastante reservado, pero se lleva muy bien con mis amigos, que siempre preguntan si viene. Hablamos mucho, compartimos cosas y nos acompañamos. Yo no soy celoso de mi intimidad ni de mis amigos, al contrario, los uno. Pero sí me gusta que cada uno haga lo suyo y encontrarnos desde ese lugar.

-Venís del Parakultural y de una camada de artistas como Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, dos grandes artistas que hoy ya no están.

-No soy muy nostálgico. Me encanta recordar a mis amigos, decir sus frases, tener siempre la poesía de Alejandro en la boca para evocarla, pero no siento esa falta por las viejas épocas. Mi madre murió cuando yo tenía siete años y desde muy chico empecé a incorporar la muerte a mi mundo. También aprendí a reírme de eso, a llevarlo a mi humor negro. Con Martín Rechimuzzi nos mandamos noticias de gente que se murió y hacemos chistes. Es mi manera de convivir con esas cosas. No significa que no me importen las ausencias, sino que encontré una forma distinta de incorporarlas a mi vida.

-¿Cómo ves la realidad argentina?

-La cultura es una de las cosas más importantes que tenemos. Mi padre tenía ocho hermanos y todos habían recibido alguna formación artística: música, pintura, algo. Creo que es parte natural de la educación de toda persona. La cultura alimenta el alma. Por eso me da bronca cuando desde un gobierno se desprecia. No entiendo qué necesidad hay de destruir algo tan importante. ¿Es ignorancia? El cine, además de ser arte, genera muchísimo trabajo. Y el teatro demuestra que la gente necesita cultura. No importa quién gobierne, los artistas debemos seguir generando.

-La vez pasada te escuché decir que estabas preparándote para la vejez. ¿Cómo la imaginás?

-Lo único que me preocupa es no perder movilidad. Mi padre tuvo hemiplejía y sé lo que significa depender de otros. Por eso trato de nadar, hacer ejercicio, elongar, mantener el cuerpo en movimiento. Mi tío vino al Loro negro a los 99 años, se tomó una copita de champán y vivió hasta los 101. Eso también te muestra que las edades son relativas. Antes imaginaba la vejez en el campo, pero después esa idea desapareció. No tengo una lista de pendientes.

Para agendar

La voz humana. Funciones: 14, 15, 20 y 21 de noviembre. Y 4 y 5 de diciembre, a las 21. Teatro Politeama, Paraná 353.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/humberto-tortonese-su-vuelta-al-teatro-su-rechazo-a-los-realities-el-particular-refugio-que-nid07112026/

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