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Jerry Seinfeld y el mejor negocio de su vida

NUEVA YORK.– Cuando termina un día agotador —de esos en los que las fuerzas ya no alcanzan ni para ponerse a elegir cuidadosamente, entre las múltiples plataformas de streaming, alguna de las...

NUEVA YORK.– Cuando termina un día agotador —de esos en los que las fuerzas ya no alcanzan ni para ponerse a elegir cuidadosamente, entre las múltiples plataformas de streaming, alguna de las películas o series del momento—, esta cronista se echa en el sofá, control remoto en mano, a ver qué hay en la televisión por cable. Y siempre acaba en lo mismo: alguna reposición de Seinfeld.

No está sola. El 25 por ciento de los habitantes de Estados Unidos —es decir, unos 72 millones de personas— se encontraron, o reencontraron, durante los primeros meses de este año con Jerry, George, Elaine y Kramer. Los protagonistas de una comedia que, como es bien sabido, no eran especialmente simpáticos ni aspiraban a ser mejores personas, que no aprendían lecciones, no se reconciliaban sentimentalmente al final de cada episodio y que rara vez demostraban verdadera generosidad. Como si esto fuera poco, la serie dejó de producirse hace casi treinta años.

El tema volvió a cobrar actualidad esta semana gracias a un artículo de The Wall Street Journal basado en una investigación de Ben Gilbert y David Rosenthal, los conductores del popular podcast de negocios Acquired.

Lo que aportaron fue una nueva lectura de la decisión más famosa de Jerry Seinfeld: abandonar la serie en pleno éxito. Aquello que durante casi tres décadas se interpretó como una renuncia económicamente disparatada en nombre de la integridad artística pudo haber sido, sostienen, paradójicamente el mejor negocio de su vida.

No eran especialmente simpáticos ni aspiraban a ser mejores personas, que no aprendían lecciones, no se reconciliaban sentimentalmente al final de cada episodio y que rara vez demostraban verdadera generosidad

Resulta que, cuando se perfilaba el final de la última temporada, Jack Welch, entonces todopoderoso presidente de General Electric, propietaria de NBC, le ofreció una suma por entonces desorbitante para que continuara: cinco millones de dólares por episodio. Seinfeld se negó, y todos celebraron su decisión como una muestra de gran integridad artística.Pero lo que ocurrió fue que, al negarse a continuar, Seinfeld no solo preservó la calidad y el prestigio de la serie, sino que también contribuyó a multiplicar su valor comercial. La clave estaba en algo poco habitual en la televisión de entonces: él y su cocreador, Larry David, habían negociado quedarse con una parte de los derechos del programa, de modo que seguirían ganando dinero cada vez que alguien pagara por emitirlo. Y al terminar en la cima, sin haber agotado la paciencia del público, Seinfeld se convirtió en un producto que las cadenas de televisión primero, y las plataformas de streaming después, se disputarían durante décadas.

Según los cálculos de Gilbert y Rosenthal, la serie lleva generados más de 7000 millones de dólares, frente a un costo total de producción de apenas 250 millones. Para dar una idea de su vigencia comercial, en 2019 Netflix acordó pagar más de 500 millones de dólares por los derechos de transmisión de una serie que había terminado en 1998.

Y hay algo más que ayuda a explicar semejante longevidad. Justamente aquello que hacía tan peculiar a Seinfeld —sus personajes nunca aprendían nada, no evolucionaban y sus historias rara vez tenían consecuencias duraderas— terminó convirtiéndose en una formidable ventaja comercial. Los episodios pueden verse en cualquier orden, sin necesidad de recordar qué ocurrió antes ni preocuparse por lo que vendrá después. Algo que esta cronista, y seguramente millones de espectadores igualmente agotados, agradece especialmente.

Lo más extraordinario es que semejante éxito empresarial no parece haber sido fruto de sofisticadas estrategias financieras, sino de confiar en el propio criterio y no dejar que nadie convenza de lo contrario. En una entrevista de 2017 con Harvard Business Review, le preguntaron a Seinfeld si no habría sido mejor simplemente buscar una manera más eficiente de seguir produciendo el programa. ¿Qué habría dicho a McKinsey, la célebre consultora, si le hubiera propuesto una solución? “¿McKinsey? ¿Son graciosos?“, preguntó Seinfeld. ”No", le contestaron. “Entonces no se necesitan”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/jerry-seinfeld-y-el-mejor-negocio-de-su-vida-nid01112026/

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