La vuelta de las cartas: escribir a mano, un ritual que revive en la era digital
Afuera llueve. Adentro del pequeño café de la calle Quintana 48, en Recoleta, las mesas están llenas: una mujer lee un libro de la biblioteca del lugar mientras toma un té; un pequeño grupo ha...
Afuera llueve. Adentro del pequeño café de la calle Quintana 48, en Recoleta, las mesas están llenas: una mujer lee un libro de la biblioteca del lugar mientras toma un té; un pequeño grupo hace un taller literario; una chica escribe a mano y con dedicación una carta. Detrás de ella, la pared tiene un mueble con un sinfín de cajoncitos, que en realidad son casillas postales, porque el lugar también funciona para recibir –y enviar– correspondencia. En la vereda, un antiguo buzón original del siglo XIX espera las cartas que viajarán desde Buenos Aires a destinatarios en todo el mundo. Hay lapiceras, sellos, papel carta para elegir, postales, sobres, lacres y, por supuesto, estampillas.
Todo el espacio invita a escribir, a regalar y regalarse un momento de presencia con un viejo ritual: escribir y despachar una carta. Posdata es un café postal –el primero de la Argentina–, donde el tiempo parece detenerse. En un mundo cada vez más digital, aquí reina lo analógico, en un universo epistolar. “Siento que humildemente pusimos en conversación de vuelta la correspondencia, el encuentro, algo que estaba pasando y que se ve en esto de vivir la experiencia, lo postal, volver a leer y a escribir cartas”, dice Carolina Barone, su dueña. Nacida y criada en Venado Tuerto, hija y nieta de ferroviarios –papá maquinista, abuelo último jefe de estación de un pueblo rural–, vivió la mística de la estación de tren donde todo pasaba: las encomiendas, las cartas; todo llegaba allí, que era el punto de encuentro de la comunidad. De grande, ya en Buenos Aires y habiendo estudiado Relaciones Internacionales, soñaba con tener un correo. Hizo carrera como politóloga, pero con Posdata Café Postal concretó el emprendimiento que siempre soñó para conectar a las personas. A casi un año de su inauguración, ya se despacharon más de 5000 cartas, y acaba de abrir otra unidad postal en Chacras de Coria, Mendoza.
Los cafés postales empiezan a aparecer como parte de la recuperación de lo epistolar en todo el mundo. En París, Café Pli –inspirado en un espacio similar de Seúl– abrió en 2024 y permite escribir cartas que serán enviadas en el momento o en hasta ¡20! años después. En Singapur, Postboy Coffee abrió este año y propone autoenviarse postales para el “yo futuro”. Por otra parte, The Sunday Letter Project ya articula una red internacional de más de 100 cafés, librerías y papelerías vinculadas a la correspondencia en varios continentes, de la que Posdata forma parte.
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Algo tangibleDurante 20 años, además de escribir libros y dictar talleres de escritura, Aniko Villalba se la pasó escribiendo blogs y generando contenido en internet. “Me cansé, sobre todo, de crear y de “ser consumida” de manera online. Tenía muchas ganas de volver a hacer cosas con las manos y también que mis lectores pudieran recibir algo tangible, que tuviesen que esperar, que llegara por correo y con lo que pudieran interactuar de otras maneras que no fuese scrolleando o haciendo click”. Así fue que en marzo de este año lanzó Umi Mail Club y ya envió casi 2500 cartas a más de 350 direcciones en 45 países del mundo, desde su estudio en Ámsterdam, Países Bajos.
Un mailclub o club postal es una suscripción en la que cada mes los suscriptores reciben un sobre físico en el buzón de su casa con contenido –principalmente de artistas, ilustradores y creadores–, que se ha consolidado como una tendencia global, especialmente en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. No existe un censo global de mailclubs, pero un relevamiento de este año del sitio Mail Club Hub identificó más de 1000 clubes activos en más de 20 países: nueve de cada diez envían correspondencia mensualmente y el precio medio ronda los diez dólares.
Lo interesante es que, en plena era de la inteligencia artificial y la comunicación instantánea, los mailclubs se multiplican alrededor del mundo, y el interés en ellos crece todavía más rápido: según datos de Google Trends, las búsquedas de este formato aumentaron un 700% en el último año.
En el caso de Umi, lo que cada suscriptor recibe en su buzón consiste en una carta escrita originalmente a mano, impresa en papel carta ilustrado, una historia, una consigna de escritura, una propuesta de actividad para hacer offline y algo para coleccionar, como stickers o postales. El trabajo es artesanal y sorpresa en cada envío. “Creo que quien se suscribe a este tipo de clubes no lo hace solo por el contenido, sino más bien por la experiencia. Un mailclub te obliga a esperar, te invita a esperar, te enseña a esperar. Y tiene algo que no se puede replicar de manera online: materialidad. En una época de tanta pantalla, siento que hacer algo en papel es un pequeño acto revolucionario. Algo creado en papel nos invita a frenar, a hacer una pausa y a darnos el tiempo de disfrutarlo, no se pierde en un mar digital”, dice Aniko.
Desde Buenos Aires, Otro Aire nació en junio de este año como una forma de alternar las pantallas y el trabajo en la productora audiovisual de Roberto Medina y Andrea Servín, y a su vez, de registrar su propia memoria como familia y compartirla con desconocidos. “Queríamos explorar hacer algo analógico, artesanal, que nos devolviera la alegría de crear. Escribir y diseñar en papel para alguien que está buscando una pequeña pausa a la virtualidad nos pareció, y nos sigue pareciendo, una idea que vale la pena perseguir”. La carta es un diario familiar abierto: cuenta los azares de los movimientos de la pareja junto a su bebé Dante y su perrita Zama. Roberto escribe y Andrea crea las piezas gráficas que acompañan el envío (postales, estampillas, separadores, stickers, mapas).
Cada carta es un diario que se subdivide en cuatro escenas, hilvanadas por un tema central –como la crianza, la memoria, la nostalgia, los encuentros–. Cada tirada es numerada y no se reimprime, y los envíos van acompañados de una playlist que atraviesa la temática y se envían con un QR en cada carta. “No estamos en contra de la tecnología, la usamos todo el tiempo. Buscamos generar una experiencia distinta: un mail se abre con un click, la carta es otra cosa, hay una espera, un recibimiento, tiene un peso, volumen, ocupa un espacio. Apostamos por esta experiencia distinta de recibir”.
¿Pero qué pasa con las nuevas generaciones que nacieron en un mundo digital y no vivieron la experiencia de recibir una carta? A esa pregunta intentaron dar respuesta las amigas Inés del Mazo y Gabriela Zanone con Cartalia, un club postal para chicos de 5 a 10 años que lanzaron a principios de este año. “Estábamos trabajando juntas en un libro donde había cartas a los abuelos, y al mismo tiempo vimos que en el mundo parecía haber un renacer del deseo de escribir cartas. Como yo soy madre de una niñita de 4 años y Gaby trabajó mucho con niños y es arteeducadora, se nos ocurrió hacer algo para las infancias”, explica Inés, que además es editora y coordina talleres de escritura.
Crearon un personaje, Nuri, una niña exploradora que vive “al otro lado del mundo” y que es quien firma las cartas. Además de la carta, en la que la protagonista cuenta sus andanzas y descubrimientos, los suscriptores reciben un minilibro, una bitácora de actividades divertidas y creativas, una postal para que ellos le escriban un mensaje especial a alguien, estampillas para dibujar, un set de stickers y alguna sorpresita temática. Cada envío está inspirado en un tema, que fomenta la curiosidad y la exploración, e invita a acercarse a la lectura y la escritura desde un lugar lúdico. “Los niños quizás no conocen el correo postal, pero hay algo que llevan dentro: el gesto de escribir una carta, de hacer un dibujo para alguien. Entonces es darles una oportunidad de algo diferente, que ellos no vivieron, y con lo que los padres pueden reconectarse. Es algo lindo para recuperar juntos nuestra inteligencia amorosa”.
Una búsqueda personalQuizá antes de escribir cartas –o en simultáneo a ellas–, la experiencia más personal con la escritura empiece con un diario íntimo. Inspirada en ellos, la periodista Paz Berri dicta el taller de escritura cotidiana y creativa, Querido Diario. En cuatro encuentros virtuales, “la idea es traer eso que quedó guardado y recuperarlo como espacio propio, como refugio, como catarsis de todo lo que nos pasa, nuestras dudas, deseos, lo que vivimos. Es recuperar esa idea que nos generaba el diario y la escritura como lugar de bienestar”. Paz aclara que en esta propuesta de escritura íntima hay tres principios fundamentales: no hay un proceso ni objetivo de compartir los textos ni publicarlos, sino una búsqueda de conexión propia; se crea el hábito –escribir de manera regular, en un mismo momento del día, para generar ese espacio–; y se suspende el juicio, ya que se trata de escribir sin limitarse. Paz, además, impulsa la importancia del escribir a mano: “A veces en el papel nos animamos a decir algo que no le diríamos a nadie. El papel no juzga, no interrumpe, recibe todo lo que podemos dejar ahí. Hay gente que escribe para recordar; también puede ser un acto liberador, para sacar todo lo que no podemos de otra forma. No escribimos porque sabemos lo que estamos pensando, escribimos para descubrirlo”. Y agrega: “Me gusta pensar la escritura como un lugar en el que hago pie, como una herramienta que nos permite ir al rescate de nosotros mismos”.
Pero escribir, ¿puede ayudarnos a regular las emociones? “Escribir, y escribir a mano, integra procesos visomotores, cognitivos, emocionales y simbólicos: participan el cuerpo, la atención, la memoria, el lenguaje. Psicológicamente, durante esa experiencia, va a depender del trabajo psíquico que cada persona pueda realizar con lo que escribe”, explica la psicóloga Nath Pompeo, especialista en psicología psicosomática y en trastornos del ánimo y la ansiedad. Continúa: “En el acto de escribir, llevamos al papel algo de lo que podemos sentir. Es una manera de dar forma, observar y encontrar nuevos significados. Pero una cosa es poner nuestra experiencia en palabras y otra es poder elaborarlas emocionalmente. Hay que entender cuál es el objetivo de la escritura, para no quedarnos en la explicación puramente intelectual –racionalización o intelectualización, conceptos freudianos–, que favorezca la rumiación y, en esos casos, intensifique el malestar en vez de aliviarlo”.
Un taller por correoPablo Ianni coordina talleres de escritura hace casi diez años, algunos de ellos de forma online. Y si bien ese formato le permitió que lleguen alumnos de todo el país, pospandemia empezó a notar cierto cansancio en el uso de las pantallas. A partir de una idea de su pareja –que primero le pareció disparatada y después no lo dejó dormir hasta encontrar una manera posible–, decidió empezar a dar talleres de escritura… por carta. La dinámica se desarrolla 100% por correo postal: la escritura, las consignas y las devoluciones viajan en papel.
Cada mes, el alumno recibe una carta manuscrita con una propuesta de escritura, una lectura sugerida, un objeto pequeño y la devolución del texto que envió el mes anterior. Escribir a mano, para ambas partes, es condición. “La invitación es trabajar la escritura desde el cuerpo, qué es lo que pasa cuando estamos enfrentados a la caligrafía, al espacio físico de la hoja, que en lo digital se pierde. Escribir torciendo las líneas, los renglones, que puedan jugar con eso. Se dan líneas de trabajo interesantes con las preguntas que intento abrir”. Pablo empezó en septiembre de 2025 y desde entonces ya mandó más de 100 cartas y recibió otras tantas de alumnos de todas partes.
Para seguir explorando (y escribiendo)Cartas de amor a extraños: La charla TED Hannah Brencher. A sus 22 años, Hannah empezó a dejar cartas manuscritas para desconocidos en bibliotecas, cafés y distintos lugares de Nueva York. El proyecto terminó convirtiéndose en The World Needs More Love Letters (https://www.moreloveletters.com/), una comunidad donde se puede escribir o pedir recibir cartas escritas a mano, que ya llegó a más de 70 países en todos los continentes. Cartas a pedido: Desde hace más de 20 años, Mónica Paterno escribe cartas a pedido: de una madre a una hija, de un abuelo a sus nietos, de un amor a otro, de aniversarios, de amantes secretos, de perdón, de reconciliación y hasta de despedidas y separaciones. Escribió más de 1,000 cartas a personas en Argentina y distintas ciudades del mundo (www.onlystories.com.ar | @monicapaterno_escritora ).De la vida al papel: Recuerdos, historias de familia y experiencias personales como insumos literarios. Un espacio de taller presencial para escribir sobre lo propio, dictado por la periodista, editora y autora, Fernanda Nicolini. Más info en fernicolini.talleres@gmail.com y @ fer.nicolini“El encantador arte coreano de escribir cartas”, de Juhee Mun, Ed. Salamandra: La autora es fundadora de Geulwoll, una papelería de Seúl dedicada al arte de escribir cartas, y el libro nació de esa experiencia. Un recorrido breve e ilustrado por el placer de escribir y recibir cartas en plena era digital.