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Mariano González, el actor de O11CE: de jugar al fútbol a su éxito en Disney y su proyección en Hollywood

La pasión por la actuación de Mariano González se despertó entre las obras de teatro escolares en las que participaba y las escenas que solía recrear en su casa, disfrazado, después de ver un...

La pasión por la actuación de Mariano González se despertó entre las obras de teatro escolares en las que participaba y las escenas que solía recrear en su casa, disfrazado, después de ver una película. “Son esas curiosidades que están en uno pero que no sabés bien qué son, solo entendés que tenés un impulso muy fuerte hacia algo y en mi caso había algo con la expresión, con transformarme”, dice a LA NACION el protagonista de O11CE, la exitosa serie infantojuvenil de Disney —furor entre su público en sintonía a lo que fueron Violetta y Soy Luna— que en 2017 lo lanzó a la fama y que este año regresó con una cuarta temporada.

Sin embargo, reconoce, “era hasta ahí”. Aunque en su casa “se vibraba cine”, estaban acostumbrados a seguir carreras más convencionales. “Creo que la actuación la llevé siempre adentro y uno de mis grandes momentos de orgullo fue cuando dije: ‘Voy a tratar de animarme a jugármela por este camino’”, asegura con una sonrisa. Y, efectivamente, se la jugó. A sus 23 años colgó los botines después de transitar su camino por el fútbol profesional universitario en los Estados Unidos, a donde se había mudado con su familia cuando tenía 11 años, y se arriesgó a perseguir su sueño. Curiosamente, por esos artilugios del destino, el primer casting al que se presentó fue el de O11CE, donde debía interpretar a un joven jugador de fútbol. “Arranqué por la puerta grande porque mi primer casting terminó siendo un protagónico con Disney”, dice.

Hoy, a sus 33 años, ansía seguir construyendo su carrera en Los Ángeles, donde está su hogar, pero sin descuidar su tierra. “En Argentina tenemos excelentes autores y grandes personajes”, destaca, a la vez que fantasea con actuar o producir historias inspiradas en algunas de las grandes figuras de nuestra historia, desde Favaloro y Fangio hasta el Papa Francisco.

“Conecté con algo muy profundo”

—Antes de decidirte por la actuación, el fútbol era tu camino.

—Siempre me encantó el fútbol. A los 11 años tuve un evento un poquito difícil, que con el diario del lunes te digo que fue una bendición, pero mudarme a los Estados Unidos para mí fue una mini muerte . Sé que suena fuerte, pero yo lo viví así. No me imaginaba que el mundo era más grande, que mis amigos pasarían a ser otros, aunque, por suerte, los de acá no los perdí, pero en ese momento el futuro no era claro, tenía que dejar todo atrás. Después, al año y medio papá y mamá se separaron. Así que, para mí, la infancia no fue en sepia; o sea, me pasaron cosas muy lindas, pero esos dos eventos me marcaron muchísimo.

—¿En el deporte encontraste tu lugar de pertenencia?

—Sí, pasó a ser mi entre al mundo porque era lo único que más o menos venía haciendo y sabía hacer. Y lo puse como meta, me aboqué mucho al estudio y al deporte y me mentalicé como futbolista profesional. Un giro inesperado fue que justo me dieron una beca para jugar en la primera división de la universidad de Pensilvania, pero el año antes de irme mi tío Rafael Lanús , que estaba estudiando dirección en UCLA, me convocó para una prueba de cámara. Él tenía que hacer un corto que era la historia de un chico inmigrante que se entera que estaba como ilegal cuando estaba a punto de obtener una beca. Ahí arranca para él todo este duelo, esta dualidad que tantos inmigrantes sienten y sentimos, porque me meto en la bolsa, eso de entender dónde es “casa”. Rafa me decía que yo daba mucho con el perfil, hice la prueba y ese fue mi gran momento, pasó algo muy mágico donde conecté con algo muy profundo de mi infancia que no tenía presente y me encantó.

—¿Y cómo seguiste?

—El corto estuvo buenísimo, fue a un par de festivales en Europa y mucha gente me empezó a preguntar si era actor. Yo decía que no, pero empecé a cambiar la respuesta y decir que sí. Empecé la universidad y a medida que iba avanzando con el fútbol me encontraba con momentos en los que terminaba de entrenar y me quería ir al teatro de Filadelfia, o por ahí eran las dos de la mañana y estaba leyendo entrevistas a Anthony Hopkins o libros de actuación. De a poco me dejé de ver como futbolista profesional porque se empezaba a despertar esto que me estaba revolucionando el cuerpo y no terminaba de entender.

—¿Te sentías frustrado como deportista?

—No. Si bien no era Cristiano ni Messi ni tenía contrato con un club, me iba bien y fue dificilísima la decisión de decir “hasta acá llegué”. No tenía idea de lo que era el matrimonio, pero para mí fue un divorcio porque fueron muchos años dedicados al fútbol. Ahí se dio otro evento un poco mágico: armé un reel con escenas del corto que había hecho con mi tío mezclado con escenas jugando al fútbol, para mostrar versatilidad física, lo publiqué en Facebook y una amiga de mi mamá de la secundaria la contactó porque estaba comenzando con el desarrollo de una serie de fútbol que se iba a llamar Once.

—¿Te convocaron directamente?

—No, ahí me encontré rápidamente con la dura realidad del entretenimiento. Cuando mi mamá le avisó a su amiga que vivíamos en Los Ángeles, ella le dijo que la serie era en la Argentina, que si quería podía ir al casting, pero no tenía nada garantizado. Por un momento había pensado que me estaban buscando a mí. Decidí ir al casting que se hacía en México y justo en ese momento, como para agregarle otro condimento a la historia, se había terminado mi visa de estudiante. El abogado me dijo: “Si salís del país, no te puedo garantizar que cuando vuelvas te dejen entrar”. Y me la jugué. No quiero ponerme en modo romántico, pero era demasiado la coincidencia espiritual, sentía que ahí había algo.

Algo de magia...

—Enseguida saboreaste las mieles del éxito.

—Es lo más lindo que hay que te den ese éxito, ese cariño y todas las cosas que te pasan. El tema es que yo no sabía que había otra cosa. Para mí esa era la realidad que alguien vivía cuando perseguía su sueño. En ese sentido, mi familia me cuidaba diciéndome: “Lo que a vos te está pasando no les pasa a todos”. Yo trataba de ser consciente de eso pero, también, por un minutito, o más que por un minutito por cuatro años, sentí que todo era posible. Y la verdad es que estoy muy agradecido de que haya sido de esa manera porque la industria es muy difícil. Entonces, al vivir eso en mis comienzos me dio un oxígeno que a mucha gente a mi alrededor le lleva años o décadas conseguirlo, si no es que nunca lo consigue.

—¿Qué pasó después de Disney?

—Después bajás. Cuando terminé O11CE en 2019, me pasó algo buenísimo: el director, Nicolás Di Cocco, estaba haciendo su primera película y me convocó para un personaje. Fue mi primera película en la Argentina. También firmé con una agencia top de Los Ángeles, pero cuando volví a los Estados Unidos era enero de 2020, así que la primera bajada fue rapidita y para todos: la pandemia. Encima, había llegado re entusiasmado, tenía reuniones con directores de casting y mi primer casting allá fue para una película de Damien Chazelle con Brad Pitt y Emma Stone . Lo hice y al mes empezó la pandemia.

—Se cortó esa racha laboral.

—Con el diario del lunes te digo que la pandemia no me afectó tanto a nivel laboral porque venía de unos años tan al palo que necesitaba bajar, pero la industria quedó muy afectada. Del chiquito Disney pasé a encontrarme en un huracán en Los Ángeles con una industria muy picante, era un mar abierto y yo estaba en un velerito. Por suerte, ni bien terminó la pandemia me salió la primera película, fue un alivio quedar en un primer casting, al año siguiente me salió otra y al tercer año se dio la más grande, que fue Gran Turismo . Eso fue una bocanada de aire y me empecé a sentir más cómodo en la dinámica de Los Ángeles.

—Te dio ánimo para seguir.

—Pensá que yo grababa todos los días, todos los meses y ahora eran partidos aislados, por ahí había un solo proyecto por año que duraba uno o tres meses como mucho. En el mientras tanto tenía los ahorros que había generado con Disney y sumé otros trabajos por fuera de la actuación, pero también tenía incertidumbre y me animé a sentir miedos y dudas sobre el futuro. Eso que era un futuro innegable cuando terminé O11CE y me firmó la agencia ya no lo era.

—¿Cómo lo manejabas?

—Me anclaba en que amo mi trabajo y en las pequeñas validaciones que encontraba, como ir a un casting y, aunque no fuera para mí, que la directora me dijera que le había encantado lo que había hecho. Dentro de lo duro que era no estar trabajando y tener que acostumbrarme a eso, tenía momentitos que me mantenían a flote. También me pasaba que en las clases que tomaba con una coach que se llama Leigh Kilton-Smith, que es grosísima, capaz caían actores de mucho renombre, como Jennifer Aniston, actores que veía en películas cuando era chico y yo estaba ahí y me sentía bien en la dinámica. Entonces, no dudaba de si podía hacerlo, dudaba de que me llegara la oportunidad.

Probar cosas nuevas

—¿Cómo llegó el nuevo llamado de Disney?

—Hice una película más que todavía no se estrenó, All there is, y en eso me llegó el llamado de Disney. Cayó en un momento justo porque me estaba pasando que ya eran tres o cuatro años duros. Vino uno de los productores a comer a mi casa y me dijo: “Che, te voy a decir algo que capaz no esperabas, pero a O11CE le sigue yendo bien. Queríamos saber en qué andabas y si te interesaría volver”. Yo me hice un poco el tranquilo y dije: “Sí, creo que me puede interesar”.

—¿Pero qué te pasaba por dentro?

—Por dentro pasaba un entusiasmo enorme porque lo que más quería era tiempo frente a cámara y volver a dar personajes, pero no por protagonismo. Cuando tenés un personaje un poco más grande, es otro desarrollo, podés indagar más, darle más matices. Y me plantearon el mejor de los casos que era un Gabo con la vida más compleja, ya no era el principito de Disney que había sido en una época. Eso me entusiasmó porque me dejó probar cosas un poquito más jugadas sin que deje de ser una serie para toda la familia.

Entre Buenos Aires y Los Ángeles

—¿Te gustaría seguir trabajando en la Argentina?

—Sí, de hecho, estoy en la búsqueda de un representante acá. Y si bien es un momento dificilísimo, no quiero descuidar mi tierra y los contenidos. No soy ajeno a lo que a lo que se produce acá y cada tanto me llaman, por ejemplo, hice el casting para La sociedad de la nieve, lo re quería a ese proyecto. También tengo ganas de desarrollar y producir contenidos que me interesen y es una de las grandes cosas que estoy encontrando en la Argentina. Me estoy asociando con gente y ya escribí un par de cosas. También me encantaría hacer teatro, es un mundo en el que no incursioné y al que le tengo temor, respeto y muchas ganas, todo al mismo tiempo.

—¿Pensás ir y venir entre Los Ángeles y Buenos Aires?

—Es cierto que estoy un poco tironeado, pero quiero convivir dentro de los dos lugares. Eventualmente voy a tener que tomar una decisión porque me encantaría tener una familia y no quiero que esté dando vueltas por ahí. Hoy no, así que lo tengo que aprovechar.

—Naciste en la Argentina, pero te criaste en los Estados Unidos. ¿Tenés esa dualidad de costumbres?

—Sí. Tengo mis amigos de allá y yo, dentro del ecosistema norteamericano, soy uno más, no es que soy el argentino, pero sí, un poco, el americano latino. El mate lo llevo a todos lados y escucho a Fito tanto en los Estados Unidos como en la Argentina. Cuando estoy acá, soy re argento, pero no dejo de tener mis modismos más estadounidenses. Lo que descubrí es que no me puedo escapar de mi tierra. Más allá de ese conflicto de identidad que a veces se da, tengo muy claro que soy argentino y si tienen que enterrarme en algún lado, que sea acá.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/mariano-gonzalez-el-actor-de-o11ce-de-jugar-al-futbol-a-su-exito-en-disney-y-su-proyeccion-en-nid30042026/

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