Mario Alonso Puig, cirujano especialista en emociones: “Las creencias limitantes suelen estar arraigadas en el inconsciente”
¿Y si aquello que hoy parece imposible fuera apenas una frontera mental? ¿Y si gran parte de los límites que condicionan nuestra vida, nuestras decisiones y nuestro bienestar no estuvieran en la...
¿Y si aquello que hoy parece imposible fuera apenas una frontera mental? ¿Y si gran parte de los límites que condicionan nuestra vida, nuestras decisiones y nuestro bienestar no estuvieran en la realidad, sino en la forma en que interpretamos el mundo? Sobre estas preguntas gira Haz lo imposible, la conferencia con la que Mario Alonso Puig recorre el mundo y llegará a la Argentina los próximos 16, 18 (en Buenos Aires) y 19 de noviembre (en Córdoba) con una invitación al público a cuestionar sus propias creencias, desafiar sus límites y descubrir nuevas posibilidades.
Durante dos horas y media, el médico, escritor y referente internacional en bienestar combinará neurociencia, plasticidad cerebral, humor y herramientas prácticas para mostrar que la transformación personal no es un ideal reservado para unos pocos, sino una posibilidad al alcance de cualquiera que se anime a cambiar de perspectiva.
Porque, tal vez, no haya tarea más desafiante que modificar aquello que pensamos sobre nosotros mismos, pero tampoco una que tenga un impacto tan profundo en nuestra calidad de vida.
Médico cirujano de formación, especializado en cirugía general y del aparato digestivo y conferencista, Mario lleva más de 30 años investigando la conexión entre la mente, las emociones y la salud. Una búsqueda que plasmó en 12 libros, programas de formación y conferencias que han inspirado a millones de personas. Autor de títulos como Reinventarse y El reto de vivir, propone integrar los avances de la neurociencia con recursos concretos para desarrollar una vida con mayor equilibrio, propósito y plenitud.
A días de llegar al país, habló con LA NACION desde Madrid, con la simpatía y el carisma que lo caracterizan, para profundizar sobre lo que sí se puede modificar para desarrollar el verdadero potencial de cada uno.
–Muchas personas sienten que no logran desplegar su verdadero potencial y que no están realizadas personalmente. ¿A qué se debe?
–Fundamentalmente, a tres elementos que constituyen una parte importante de cómo se desenvuelve nuestra vida: la autoimagen, que es cómo me veo; la narrativa, es decir, cómo me describo; y la autoestima, que es cuánto me valoro en función de cómo me veo y cómo me cuento. El desafío está en la autoimagen, la narrativa que yo hago de quién soy. Ese nivel de autoestima se genera durante los primeros tres años de vida, por lo cual no somos conscientes de cómo nos hemos descrito en edades tan tempranas y de nuestro nivel de estima. ¿Qué sucede? Eso condiciona profundamente nuestra manera de percibir la realidad. Si me siento incapaz o pequeño, veré las oportunidades como obstáculos y los límites como insuperables. Incluso los éxitos los atribuiré a la suerte o la coincidencia y no como fruto de mi capacidad para hacer cosas que me puedan sorprender. Por eso, en Haz lo imposible busco generar una experiencia lo suficientemente poderosa y profunda como para que las personas transformen la imagen que tienen de sí mismas, la historia que se cuentan y, en consecuencia, el nivel en que se estiman. Cuando uno cambia eso, cambia no solo cómo te ves, sino tu relación con el mundo.
Si yo me siento más capaz, más valioso, más digno, menos avergonzado, con menos sensación de inferioridad, lógicamente daré pasos con un nivel de confianza y de entusiasmo que de otra manera no daría. Y por eso, los resultados cambian. Siempre me inspira una frase de Epicteto: “No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos”. Cuando yo cambio, todo cambia.
–¿Qué te llevó a dedicarte a estos temas y a dejar la cirugía?
–Fue una combinación de factores. Por un lado, la lectura y la investigación. Durante años estudié filosofía, metafísica, neurociencia y los descubrimientos realizados por grandes científicos. Esa comprensión intelectual fue muy importante. Por otro lado, viví en primera persona cómo determinadas formas de mirarme y relacionarme conmigo mismo producían transformaciones sorprendentes. Y, finalmente, mis pacientes. Durante mis 26 años como cirujano, observé que compartir estas herramientas con ellos tenía un enorme impacto, no solo en su salud física, sino también en su salud emocional. Fueron precisamente ellos quienes me animaron a llevar estos conocimientos fuera del ámbito hospitalario. Yo nunca había pensado hacerlo. Fueron los propios pacientes quienes me dijeron: “Doctor, esto debería conocerlo mucha más gente”. Ese fue el clic que terminó impulsándome a dar el salto.
–¿Cómo se superan las creencias limitantes que nos acompañan durante tantos años?
–Me gusta utilizar la metáfora de un árbol. Muchas veces creemos que el problema son los frutos, cuando en realidad está en las raíces. Las creencias limitantes suelen estar profundamente arraigadas en el inconsciente. Por eso no basta únicamente con una explicación racional o intelectual. Hay que llegar a un nivel más profundo de la persona. En Haz lo imposible trabajamos precisamente sobre esas raíces. Llevo a la gente a meterse debajo de la tierra y darse cuenta de que el problema no es que el árbol no pueda dar buenos frutos, sino que esas raíces no están siendo alimentadas de la forma adecuada y, cuando uno alimenta esas raíces de la manera correcta, de repente el árbol empieza a dar no solo limones, sino incluso otras frutas igual de deliciosas.
A través de meditaciones específicas buscamos reemplazar creencias limitantes muy enraizadas en el inconsciente por creencias generadoras de nuevas posibilidades. Para lograrlo es necesario acceder a lo que llamo estados expandidos de la mente, estados en los que podemos conectar de manera más directa con el inconsciente. Para eso utilizo la voz, la música, determinadas palabras, expresiones, ayudo a las personas a fijarse en determinadas cosas que están sucediendo en su cuerpo y eso produce un impacto.
–¿Podés dar algún ejemplo?
–En Nueva York he dado varias veces esta conferencia, y en una de ellas, cuando terminé, mientras firmaba algún libro y me hacía una foto, se acercó una joven llorando sin parar. Me preocupé y le pregunté: “¿Qué te pasa?” Y me dijo: “No se preocupe doctor, estoy llorando de alegría porque yo creí que la alegría ya no podía ser parte de mí. Para mí empieza una vida nueva”. Entonces, ¿cuál es la clave? Es llegar a ese nivel de profundidad donde están las raíces. No hay nada en el árbol que esté mal de por sí, pero las raíces han sido intoxicadas por una serie de creencias limitantes, de patrones mentales de los cuales no somos obviamente conscientes. Y lo que hacemos a lo largo de todas las experiencias que recorremos llenando imposibles es ir afrontando cada uno de esos elementos: creencias, miedos generados por la mente, excusas y justificaciones, vergüenzas y sentimientos de culpa anclados en sitios muy profundos, incluso del cerebro humano. Por eso, cuando vas a ese nivel de profundidad y la persona está lo suficientemente abierta como para que sucedan, pasan cosas sorprendentes.
–Decís que estas creencias limitantes se gestan en los primeros años de vida. ¿Qué responsabilidad tienen los padres en la formación de esa autoestima?
–Lo último que quisiera transmitir es culpabilidad hacia los padres. Yo también soy padre y, como todos, he cometido errores. Nuestra responsabilidad consiste en transmitir tres mensajes fundamentales a nuestros hijos: que están seguros, que son válidos y que son profundamente queridos y no van a ser abandonados.
Es cierto que durante los primeros años de vida se configura gran parte de la autoimagen y de la autoestima, pero eso no significa que quede determinado para siempre. Gracias a la neuroplasticidad, estas estructuras pueden modificarse. Ese es un punto de partida, no un destino definitivo.
–Entonces, ¿podemos entrenar nuestro cerebro para pensar, sentir y actuar de otra manera?
–Por supuesto. La neuroplasticidad demuestra que el cerebro conserva durante toda la vida la capacidad de generar cambios. Pero para que esos cambios ocurran, es necesario trabajar en niveles profundos de la conciencia. Mi experiencia es que determinados tipos de meditación resultan especialmente útiles para acceder a esos niveles y promover transformaciones duraderas.
–¿Cómo se despierta el poder de cada uno?
–He visto tres caminos. El primero ocurre cuando una persona está realmente harta de estar harta. Cuando dice: “Se acabó, no quiero seguir viviendo así”. Ahí surge una enorme fuerza interior; unas ganas de cambiar y de mejorar. El segundo sucede cuando uno ve, escucha o experimenta algo que le muestra que otra forma de vivir es posible. Y el tercero es lo que llamo un acto de gracia o un despertar espiritual: una transformación profunda que aparece de manera inesperada y cambia radicalmente la vida de una persona.
View this post on Instagram–¿Cómo distinguir entre un límite que debemos aceptar y otro que vale la pena desafiar?
–Hay que diferenciar entre lo imposible y lo absurdo. Sería absurdo pensar que puedo volar simplemente moviendo las orejas. Sin embargo, durante siglos también parecía imposible que el ser humano pudiera volar y hoy los aviones forman parte de nuestra realidad. Hay una fuerza interior que nos impulsa a superar ciertos límites porque intuimos que detrás de ellos existe una vida más plena. No se trata de demostrar nada a nadie, sino de responder a algo que sentimos profundamente. Cuando te encuentras con estos límites, la razón puede decir que es imposible. La experiencia puede decir que es arriesgado. Pero el corazón muchas veces nos dice: “Inténtalo”, porque es el único que te conoce.
Queremos entender lo que son límites posibles, imposibles, desde nuestra cognición. Y no es así. En una ocasión, hace un tiempo (y estoy convencido de que en gran parte de la conferencia nació de ahí), me puse delante de una hoja en blanco. Y me hice una pregunta un poco extraña: ¿Qué cosas que para mí eran absolutamente imposibles se han hecho realidad? Estuve como media hora con el folio en blanco y dije: ninguna. De repente, empezaron a salirme y tengo más de 20 cosas escritas.
–¿Podés contar alguna?
–Sí. Entrar en la Universidad de Harvard. En ese entonces, me dijeron que no había ningún español que hubiera aprobado el examen que exigía Estados Unidos para entrar como médico, que era absurdo intentarlo. Cuando decidí intentarlo me dijeron que era prácticamente imposible. Debía aprobar un examen extremadamente exigente para ejercer la medicina en Estados Unidos y obtener una calificación comparable a la de los mejores estudiantes norteamericanos.
No puedo decir que conseguí entrar porque fuera más inteligente que los demás, ni porque lo mereciera más que otros. Creo que lo conseguí porque tenía una pasión e ilusión enormes, incluso cuando aquel sueño parecía imposible. Finalmente aprobé, fui contratado por el hospital y esa experiencia transformó por completo mi vida. No solo me cambió profesionalmente. Me abrió una nueva visión del mundo y de mis propias posibilidades.
–Es que se mueven energías... ¿no?
–Aquí entramos en un punto que no todo el mundo entiende. Yo tengo una mentalidad muy racional, pero no puedo negar con todo lo que he visto, que hay un componente energético. Fijate lo que decía el escritor Goethe y cuando leés algo de su obra, entendés que él comprendió este principio energético y la influencia que puede ejercer en nuestras vidas y en todo aquello que emprendemos.
–¿Cómo reinterpretar las situaciones difíciles para convertirlas en oportunidades?
–Entrenando una capacidad que hemos olvidado: la capacidad de explorar. Somos rápidos para juzgar. Etiquetamos las experiencias apenas aparecen y creemos que ya sabemos lo que significan. Pero cuando observamos más profundamente, cuando nos preguntamos qué más puede haber allí, comenzamos a descubrir aspectos que antes permanecían ocultos. La curiosidad y la disposición a explorar pueden cambiar radicalmente nuestra forma de interpretar la realidad.
–¿Hasta qué punto los pensamientos modifican el funcionamiento del cerebro?
–Completamente. Un pensamiento genera una respuesta emocional, y esa emoción produce cambios fisiológicos en el organismo. Por ejemplo, si pienso constantemente que no sirvo, ese pensamiento puede transformarse en un sentimiento de incapacidad. Luego aparecen respuestas corporales asociadas al miedo o al estrés, y se crea un círculo vicioso que refuerza la creencia inicial. Por eso es tan importante cuidar el diálogo interno. Las palabras que utilizamos para hablarnos terminan influyendo en nuestra biología y en nuestro comportamiento.
–Muchas personas saben qué deberían hacer para cambiar, pero no logran hacerlo. ¿Por qué ocurre?
–Porque tenemos un crítico interior que es devastador; que nos seduce para que caigamos en la tentación y luego nos castiga por haber caído en esa misma tentación.
–Somos como nuestros propios saboteadores...
–Sin ninguna duda. Ese crítico interior genera muchísimo daño. A veces lo escuchamos con claridad cuando nos decimos: “Soy un inútil” o “Nunca hago nada bien”. Otras veces actúa por debajo de la conciencia, generando sentimientos de impotencia o debilidad. Ese crítico interior erosiona la autoestima y termina convirtiéndose en uno de los principales obstáculos para el cambio.
–¿Qué le dirías a alguien que siente que ya es demasiado tarde para transformar su vida?
–Lo primero que le diría es que no sabe lo que va a vivir. Lo segundo es que se pregunte si realmente merece la pena limitarse a sobrevivir cuando existe la posibilidad de vivir plenamente. Lo tercero es que la ciencia no respalda esa creencia. Hoy sabemos que la neuroplasticidad, la formación de nuevas neuronas y la activación de nuevos genes continúan durante toda la vida. Nunca es demasiado tarde para cambiar.
–Para cerrar, ¿qué aprendiste de vos mismo que te hubiera gustado saber 20 años atrás?
–Quizás, hace 20 años, ya conocía bastantes cosas que conozco hoy, pero no con la misma profundidad. No comprendía entonces, de la misma manera, el poder transformador del amor ni el de la meditación. Ya llevaba años practicando la meditación, pero todavía no alcanzaba a comprender, con la profundidad con la que hoy puedo hacerlo, sus efectos y su alcance. A esa comprensión le faltaba algo fundamental: años de vida y de experiencia.
Ida y Vuelta Una creencia que deberíamos desterrar: Que hay algo en nuestro interior de lo que tengamos que avergonzarnos.Un miedo que vale la pena enfrentar: El miedo a ser uno mismo.Un hábito capaz de cambiar una vida: La meditación.Una palabra con mucho poder: Amor.Un error que puede convertirse en aprendizaje: Cualquier error.Una emoción que necesitamos escuchar: La ira.Un consejo que nunca pasa de moda: ¡Cuídate!Algo que todos creemos imposible y no lo es: Ser feliz.Un libro que recomendaría leer más de una vez: El hombre en busca de sentido. Una frase que le gustaría que todos recordáramos: “El verdadero acto de descubrimiento no consiste en salir a buscar nuevas tierras, sino en aprender a ver la vieja tierra con nuevos ojos”, de Marcel Proust.