Perfecta para ella sola, compró una casa que había sido dividida en dos por su dueño anterior
“Cuando vi la casa publicada, los elementos que más me tentaron a comprarla fueron la escalera del living, los desniveles y la terraza”, dice Maite Pérez Cobo sobre esta propiedad de los año...
“Cuando vi la casa publicada, los elementos que más me tentaron a comprarla fueron la escalera del living, los desniveles y la terraza”, dice Maite Pérez Cobo sobre esta propiedad de los años 70 en el barrio de Coghlan que, originalmente, tenía el doble de su tamaño actual. El dueño anterior la construyó para vivir con su familia pero, cuando sus hijos crecieron, la dividió en dos y vendió una parte. “Como resultado, la forma y las proporciones son raras, pero ideales para una sola persona o pareja”.
Maite se formó en sociología y crítica del arte, pero siempre estuvo vinculada al negocio familiar de cerámicas artesanales que inició su madre, Ángeles Castro Corbat, cuya casa también visitamos recientemente. “Nací en una casa con taller, por lo que la cerámica fue mi lenguaje primario. Me encanta crear objetos desde lo que encuentro, lo que se rompió o lo que sale con fallas. Me da más placer tratar de recuperarlo o transformarlo en otra cosa que comenzar algo de cero; por eso, muchos de estos objetos los resolví en el taller”.
Con ese legado del hacer, abordó una reforma de siete meses con ligeras modificaciones edilicias enfocadas en conservar la estructura y el estilo original de la casa. “Tenía una impronta tan fuerte que había que trabajar en eso y no en romper”.
“Ya sea por tradición familiar o porque dispongo de un taller, todo el tiempo estoy ahí recauchutando y creando piezas. La idea de preservar es innata en mí”.
“Me gusta que las piezas tengan una historia, conocer quién y cómo las hizo. Creo que ahí es donde integro mi parte sociológica con la artística: la idea de una casa-museo etnográfico o de Ciencias Naturales me encanta”.
Cocina en desnivelLa cocina y el comedor están integrados, apenas unos escalones más abajo que el living. “Tenía una muy buena base, pero le hice algunos retoques. La clave estuvo en reemplazar el piso de cerámica por uno de madera y ampliar la ventana que da al patio. Eso la volvió muy acogedora”.
Una debilidadDesde hace seis años, Maite se dedica a tiempo completo al taller y, junto con su hermana Miranda, tomaron la posta de Castro Corbat: abrieron una tienda en Palermo, brindan clases de cerámica y presentan intervenciones y colaboraciones con otros artistas. “En paralelo, acabo de lanzar Cobo, una línea experimental donde voy creando piezas sin limitarme a una sola disciplina”.
“Es un lugar súper cálido, con muebles de madera y fibras naturales y plantas que completan el diseño, algo que ves mucho en casas brasileñas”, cuenta Maite, quien vivió algunos meses en San Pablo mientras trabajaba como crítica de arte.
El hall de planta alta conduce al dormitorio principal y la oficina de Maite. Aquí los ladrillos de vidrio ámbar resultan un viaje en el tiempo: “Me gusta haberlos conservado porque generan un efecto muy especial con la luz, y además preservan la estética”.
El cuadro es un dibujo que le pidió a su padre a partir de una ilustración de Picasso sobre el mito griego de Orfeo y Eurídice. “Lo actué en el colegio cuando era muy chica y me generó tanto impacto que siempre lo recordé”.
La terraza“En la terraza, armé un baño en lo que antes era un lavadero, para que cuando estamos reunidos con mis amigos podamos quedarnos arriba desde el almuerzo hasta la noche”.
“Soy una persona muy social; mi casa siempre fue el punto de encuentro y me encanta tener un espacio cómodo y acogedor para recibir a todos. Muchas de las decisiones de objetos están basadas en piezas lindas pero resistentes al uso, que puedan usarse sin temor”.