¿Qué es la “personalidad Ozempic” y por qué hace que la vida se sienta “meh”?
WASHINGTON.- Korrie Stevenson se sentía extraña desde hacía meses. Miraba una torta de cumpleaños espectacular o salía a caminar frente a un atardecer rosado y violeta, pero no lograba disfrut...
WASHINGTON.- Korrie Stevenson se sentía extraña desde hacía meses. Miraba una torta de cumpleaños espectacular o salía a caminar frente a un atardecer rosado y violeta, pero no lograba disfrutarlos del todo. La madre de dos hijos, de 51 años, también sentía algo similar con el deporte, una pasión que la acompañaba desde la infancia.
Pero no era depresión, aclaró. Todo se sentía simplemente “meh”.
“Es como intentar entusiasmarte con un momento, pero no poder conectar del todo”, explicó.
Un día, mientras manejaba cerca de su casa en Winter Park, Florida, le surgió una pregunta: ¿podría tratarse de un efecto secundario de la medicación GLP-1 que estaba tomando?
Los médicos dicen que empezaron a escuchar relatos parecidos: una suerte de embotamiento emocional, una respuesta atenuada no solo frente a la comida, sino también ante otras fuentes de placer como leer, escuchar música, bailar, hacer jardinería o incluso tener relaciones sexuales. Algunos usuarios incluso atribuyeron a estos medicamentos la pérdida del enamoramiento. En internet, el fenómeno empezó a circular con un nombre: anhedonia o, de manera más coloquial, “personalidad Ozempic”.
Por ahora, hay más observaciones que explicaciones.
Esta nueva clase de fármacos GLP-1 —desarrollados a partir de compuestos que imitan hormonas involucradas en la regulación del apetito y la glucosa en sangre— es considerada, en términos generales, segura. Sus efectos metabólicos fueron ampliamente estudiados, pero su impacto psicológico todavía se conoce bastante menos.
En base a experiencias clínicas, muchos médicos describen mejoras significativas en la salud mental: mayor autoestima, menos culpa al comer y una sensación general de mejor ánimo entre sus pacientes. Las preocupaciones iniciales sobre una posible relación entre los GLP-1 y la ideación suicida no se sostuvieron en estudios posteriores, y los trabajos más recientes incluso sugieren que estos fármacos podrían beneficiar a personas con trastornos psicológicos graves.
Un estudio publicado este mes en The Lancet, que incluyó a unas 95.000 personas, encontró que entre pacientes con diabetes u obesidad que también padecían depresión o ansiedad, la semaglutida —el principio activo de Ozempic y Wegovy, de Novo Nordisk— se asoció con un menor riesgo de empeoramiento de la depresión, la ansiedad, los trastornos por consumo de sustancias y las autolesiones, aunque los autores aclaran que se trata de una correlación y no de una relación causal.
En marzo, investigadores informaron en BMJ que distintos fármacos GLP-1, entre ellos la semaglutida y la tirzepatida (presente en Mounjaro y Zepbound, de Eli Lilly), se asociaban con un menor riesgo de muertes vinculadas al consumo de sustancias, menos sobredosis y menos hospitalizaciones relacionadas con drogas, según un análisis de datos del sistema de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos, que abarcó a unas 606.000 personas.
Pero a medida que el uso de los GLP-1 se fue expandiendo, también empezó a emerger un conjunto más sutil de experiencias.
Los médicos enfatizan que los reportes de anhedonia no son generalizados. Sin embargo, aparecen con la suficiente frecuencia —y consistencia— como para justificar un análisis más detenido.
Liz Skrbkova, quien encabeza el equipo de prensa de Novo Nordisk en Estados Unidos, afirmó en un comunicado que la seguridad es la máxima prioridad de la compañía. El medicamento, explicó, fue estudiado en más de 54.000 participantes y “la anhedonia no figura actualmente como una reacción adversa ni como una advertencia”. Desde Eli Lilly expresaron una posición similar sobre su compromiso con la seguridad y recomendaron a quienes experimenten efectos secundarios que lo consulten con su médico o se contacten con la empresa. Aun así, aclararon: “No contamos con datos para compartir sobre la anhedonia”.
El “ruido alimentario” y el sistema de recompensa del cerebroLa pérdida de peso a esta escala no solo transforma el cuerpo: puede reconfigurar la identidad, los hábitos y la forma en que el entorno responde, lo que vuelve difícil separar los efectos directos del fármaco de todo lo que viene después.
Uno de los focos de interés de los investigadores es la dopamina, el sistema de recompensa del cerebro.
“Una explicación sencilla es que los GLP-1 atenúan las áreas del cerebro asociadas con el placer”, explicó Daniel Drucker, investigador en obesidad del Instituto Lunenfeld-Tanenbaum del Hospital Mount Sinai, en Toronto. Esto podría explicar por qué los medicamentos parecen silenciar el llamado “ruido alimentario”, esa atracción persistente hacia la comida, y también reducir los antojos de alcohol, nicotina y otras sustancias.
Drucker, uno de los pioneros en el estudio de estos fármacos y asesor de las compañías que los desarrollan, advirtió que en algunas personas y a ciertas dosis ese efecto “podría llegar a un extremo”, atenuando otras vías de recompensa.
Cómo ocurre exactamente sigue siendo una incógnita.
Zak Krumm, investigador de la Universidad de Florida, estudia cómo los GLP-1 modelan la señalización de la dopamina en animales. En los últimos tiempos, su trabajo se centró en ratas, con experimentos repetidos que miden respuestas, recompensas y cambios en la motivación.
Aunque los cerebros de las ratas no son idénticos a los humanos, sus hallazgos sugieren que incluso las respuestas a recompensas de alto valor pueden quedar crónicamente atenuadas. Así, explicó, a una persona a la que se le ofrece un batido de chocolate puede no resultarle tan deseable.
En otro conjunto de experimentos, realizado en un laboratorio de Michigan, los investigadores observaron algo distinto: una señal dopaminérgica más reactiva o potenciada. En ese caso, el batido sigue resultando gratificante, pero el cerebro registra la satisfacción más rápido, por lo que necesita menos.
Mecanismos diferentes, en definitiva, que pueden llevar a un resultado similar: menos deseo de seguir consumiendo.
“Existe la tendencia a pensar que la dopamina solo nos impulsa a buscar placer”, dijo Krumm. “Pero en realidad tiene que ver con cuán valiosa se percibe una recompensa”.
Spencer Nadolsky, médico especialista en obesidad con una amplia audiencia en redes sociales, comentó que empezó a escuchar relatos de una leve pérdida de motivación entre pacientes tratados con GLP-1 hace aproximadamente un año y medio. “Dejó de parecer una coincidencia”, señaló.
En la mayoría de los casos, explicó, los síntomas se resolvieron al reducir la dosis, a veces en pocas semanas. En situaciones más persistentes, recurre al bupropión (Wellbutrin), un antidepresivo que estimula la dopamina y puede contrarrestar ese efecto.
“OMG, esto podría ser yo”Summer Kessel, nutricionista que trabaja con Nadolsky, escuchó por primera vez este problema a través de sus pacientes que tomaban GLP-1. “Contaban —y suena hasta infantil— que solo querían ‘pudrirse en la cama’. Y eso no es habitual en ellas”, relató.
Al principio pensó que no estaban comiendo lo suficiente o que su alimentación no era adecuada. Pero al analizar sus dietas, todo parecía correcto. Algo le llamó la atención: varias habían empezado a inclinarse por alimentos extremadamente sabrosos y de alta recompensa, en especial gomitas ácidas, que antes no les gustaban.
A fines del año pasado, Kessel empezó a experimentar sensaciones similares después de tomar GLP-1 durante poco más de tres años. A comienzos de enero, se sentó a ponerse las zapatillas para entrenar —habitualmente el mejor momento de su día—, pero le costó reunir la motivación para levantarse. Una hora después, seguía en el suelo, desplazándose por el celular.
Redujo su dosis semanal de 15 miligramos —la más alta de Zepbound— a 10. Duró apenas tres semanas antes de volver a subirla. “Tenía mucha hambre”, explicó. Aun así, algo cambió: la motivación volvió.
Hoy entrena para una competencia Hyrox en Miami y siente que volvió a ser ella misma. Mirando hacia atrás, no sabe con certeza a qué atribuirlo: el cambio temporal de dosis, el paso del invierno a la primavera, un nuevo gimnasio o una combinación de factores.
“Muchas personas no saben que esto existe hasta que escuchan la experiencia de otra, y ahí dicen: ‘OMG, esto podría ser yo’”, dijo.
Stevenson contó que empezó a notar cambios emocionales pocos meses después de iniciar el tratamiento con GLP-1 en 2023. No dimensionó cuánto habían avanzado hasta 2025, cuando un policía la detuvo para avisarle que su registro estaba vencido hacía seis meses. Camino a su casa, rompió en llanto.
El aplanamiento emocional se había transformado en algo más cercano a la apatía, y temía estar entrando en una crisis. “Siempre fui organizada y confiable. Nada se me escapaba. Ya no podía reconocerme”, contó.
Tomaba la dosis más alta, 15 miligramos de Zepbound, pero se sentía atrapada porque su seguro no cubría una dosis menor. De manera inesperada, la aseguradora anunció que dejaría de cubrir el medicamento por completo. Lo que parecía un revés se transformó en un punto de inflexión.
El 1° de enero empezó a pagar el tratamiento de su bolsillo y redujo la dosis a 12,5 miligramos semanales. En dos semanas, dijo, empezó a ordenar la pila de facturas acumuladas —casi medio metro— y, lo más importante, volvió a sentir alegría.
Aunque Stevenson definió a los GLP-1 como “milagrosos” para ella —antes luchaba con hipertensión, apnea del sueño y el peso—, subrayó que es clave estar atentos a los posibles cambios emocionales.
“Es un efecto secundario serio”, aseguró. “Mucha gente cree que simplemente se volvió vaga, pero eso no es cierto”.