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Un misterio de 18 horas y 49 minutos en Palermo: qué pasó entre el último ingreso de Alejandro Zalazar y el hallazgo de su cuerpo en su departamento

“Che Juli, es al pedo lo que estamos haciendo, está muerto”.La frase fue dicha por Federico Martín, un amigo y colega de Alejandro Zalazar, dentro del departamento de la calle Juncal 4...

“Che Juli, es al pedo lo que estamos haciendo, está muerto”.

La frase fue dicha por Federico Martín, un amigo y colega de Alejandro Zalazar, dentro del departamento de la calle Juncal 4622, el viernes 20 de febrero, minutos después de que se interrumpieran los intentos de reanimación del anestesiólogo. Para entonces, habían pasado casi 19 horas desde el último registro con vida de Zalazar, a las 22.01 del día anterior. Y desde ese momento hasta la salida final de quienes estuvieron en el departamento del tercer piso, casi tres horas más tarde, hoy se concentran dos de los principales interrogantes de una causa judicial que aún no tiene respuestas cerradas a casi dos meses de la muerte.

La investigación que intenta reconstruir qué ocurrió en ese lapso se apoya en dos fuentes clave: los registros de las cámaras de seguridad del edificio y los testimonios incorporados al expediente. Entre ambos tramos temporales —la noche del jueves 19 de febrero y la tarde del viernes 20— se extiende una secuencia con zonas documentadas y otras que todavía permanecen sin reconstrucción definitiva a la espera de elementos clave, como el celular del anestesiólogo fallecido a los 31 años.

Según el informe oficial de las cámaras al que LA NACION pudo acceder, el jueves 19 de febrero a las 20.55 Alejandro Zalazar salió de su edificio sin objetos visibles en las manos, con ropa deportiva y fue a un gimnasio. El movimiento quedó registrado por las cámaras de ingreso. Minutos después, cerca de las 21.47, volvió a aparecer en registros externos cuando se retiró del gimnasio situado a 550 metros de su departamento, también sin llevar nada consigo.

El último movimiento con vida quedó registrado a las 22.01, cuando Zalazar reingresó al edificio de Juncal 4622. A diferencia de las salidas previas, esta vez ingresó con un sobre en la mano, según pudo confirmar LA NACION tras ver las imágenes incorporadas al expediente. Desde ese momento, no volvió a salir del inmueble y tampoco se sabe si alguien ingresó a su departamento.

Ese lapso, que va desde la salida del gimnasio hasta el ingreso con el sobre y se extiende durante toda la noche y parte del día siguiente, constituye hoy una de las principales incógnitas de la causa. La Justicia todavía no recibió el informe toxicológico final que permita determinar qué sustancias había en el cuerpo de Zalazar ni establecer con mayor precisión la data de muerte , por lo que la secuencia posterior a su regreso continúa sin una reconstrucción cerrada.

Durante la mañana del viernes 20 de febrero, Zalazar no se presentó en su lugar de trabajo ni respondió mensajes o llamados. La primera persona que advirtió esa ausencia fue Federico Martín, quien dio aviso y tomó contacto con otros amigos de Zalazar, como Chantal Leclercq, más conocida como “Tati”, y luego con Julieta Zalazar, hermana del anestesiólogo y que vive en un barrio cerrado de Pilar. Julieta ya conocía a Federico, pero hasta ese día no había visto personalmente a Tati.

Ante la falta de respuestas, decidieron acercarse al departamento y allí esperaron a que llegara la hermana de Zalazar, quien era la persona que tenía una copia de la llave de ingreso a la vivienda.

El informe oficial de cámaras permite reconstruir con precisión lo ocurrido desde ese momento. A las 16.45 ingresó Tati al palier. A las 16.51 lo hicieron Julieta Zalazar y su pareja. A las 16.54 ingresó Federico Martín. Todos estos movimientos quedaron registrados antes de la llegada del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) y de la Policía de la Ciudad, según pudo comprobar LA NACION al revisar el material fílmico incorporado al expediente.

De acuerdo con el testimonio de la hermana del anestesiólogo, los primeros en ingresar al departamento fueron ella —quien abrió la puerta—, seguida por Tati y por su pareja. Al ingresar, encontraron a Zalazar tendido en el piso, al costado de la cama, con una vía colocada en el pie derecho. Segundos después, tras subir en otro ascensor, lo hizo Federico Martín quien minutos más tarde pronunciaría la frase que marcó el final de los intentos iniciales de reanimación. Según declaró Julieta, Tati reaccionó diciendo: “No, no, Ale”.

Siempre de acuerdo con su declaración, se realizaron intentos de reanimación primero por parte de Federico Martín, luego por Tati y finalmente por ella. Cuando fue su turno, Julieta advirtió que el cuerpo de su hermano ya estaba rígido, lo que reforzó su percepción de que el fallecimiento se había producido tiempo antes.

Según relató Julieta Zalazar, durante esos minutos previos a que cesaran los intentos de reanimación, Chantal “Tati” Leclercq se encontraba visiblemente alterada. La hermana del anestesiólogo describió que gritaba, lloraba, abrazaba el cuerpo de Alejandro y se arrojaba sobre su pecho, en un estado de nerviosismo constante. Ese comportamiento, señaló, se mantuvo mientras Federico Martín y ella misma intentaban asistirlo y continuó incluso después de advertir que el cuerpo ya no reaccionaba.

Manipular el celular

Fue entonces cuando observó un episodio que le llamó la atención. Julieta declaró que vio a Tati tomar el teléfono celular de su hermano, que no estaba junto al cuerpo sino sobre la cama, entre las sábanas. Aseguró que la vio manipular el celular durante varios minutos, tocando la pantalla, y manifestó que cree que pudo haberlo desbloqueado, ya que ella misma no conocía la clave de acceso. Todo ese episodio, afirmó, ocurrió antes de la llegada de la policía.

El SAME y la policía arribaron al edificio a las 17.07, momento en el que se activó el protocolo formal y comenzó la intervención judicial. Aun así, las cámaras del edificio continuaron registrando movimientos de personas ajenas a los uniformados. A las 17.32, Tati salió del edificio acompañada por otra mujer. Cinco minutos más tarde, a las 17.37, las cámaras registraron el ingreso de Tati junto a una joven rubia que, según el análisis de la investigación y por sus características fisonómicas, correspondería a Delfina “Fini” Lanusse, una de las imputadas en la causa por el robo de propofol en el Hospital Italiano.

A las 18.37, ambas mujeres volvieron a salir del edificio. En ese egreso, según pudo confirmar LA NACION tras analizar las imágenes incorporadas al expediente, la mujer rubia lleva una tablet con una funda negra en la mano.

La identificación de esa persona constituye uno de los puntos en disputa del expediente. En su testimonial, Julieta Zalazar indicó que no puede identificar a esa mujer como Lanusse, ya que no la conocía previamente y tuvo contacto con ella recién ese día. Por su parte, desde el entorno de la joven residente de anestesiología negaron ante LA NACION que ella hubiera estado en el edificio aquella tarde, un extremo que la investigación continúa analizando a partir del cruce de registros visuales y declaraciones.

La secuencia reconstruida hasta aquí corresponde a la investigación que se tramita como averiguación de muerte y que busca establecer qué ocurrió con Zalazar entre su último ingreso al departamento y el hallazgo de su cuerpo. La causa continúa en etapa de instrucción, con pericias pendientes que todavía no fueron incorporadas al expediente.

En paralelo, avanza otro expediente que comenzó tres días después de la muerte de Zalazar, que tramita en un juzgado diferente y que investiga la presunta sustracción de propofol y otros anestésicos del Hospital Italiano. En ese expediente, Hernán Boveri y Delfina Lanusse fueron procesados hace una semana por el delito de administración fraudulenta, sin prisión preventiva.

Según pudo saber LA NACION, ambos imputados ya presentaron sus apelaciones contra ese procesamiento. En sus escritos, sostuvieron que no se pudo probar que hayan robado anestésicos del hospital y cuestionaron que la acusación se base, principalmente, en testimonios de personas que no presenciaron los hechos, sino que declararon haber escuchado relatos de terceros. Esos planteos deberán ser analizados ahora por la Cámara, mientras la causa continúa en etapa de revisión y producción de pruebas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/un-misterio-de-18-horas-y-49-minutos-en-palermo-que-paso-entre-el-ultimo-ingreso-de-alejandro-nid18042026/

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