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Una pareja construyó su propia casa en un pueblito de 500 habitantes

Durante nueve meses, cada tarde después de trabajar y cada fin de semana, Lydia Broström (ejecutiva en marketing y comunicación) y Alexander Brinkmann (carpintero) iban a Hästhagen, un antiguo ...

Durante nueve meses, cada tarde después de trabajar y cada fin de semana, Lydia Broström (ejecutiva en marketing y comunicación) y Alexander Brinkmann (carpintero) iban a Hästhagen, un antiguo pueblo con unas decenas de hogares, para construir una casa de madera. La idea era terminarla y venderla, algo que finalmente no ocurrió. “Cuando pusimos el último remache, nos resultó evidente que éramos nosotros, y nadie más, los que debíamos vivirla”, comparte Lydia.

Acompañada por un pequeño bosque de pinos, la casa es particular por sus materiales: por fuera, está revestida con tablones de pino tratado; por dentro, con enchapado de madera terciada sin nudos y piso en hormigón gris, tono que guía un interiorismo donde se lucen muchos hallazgos de segunda mano.

Lo más difícil fue encontrar la energía para construir la casa nosotros mismos, teniendo ambos trabajos full time. Fue una etapa intensa que exigió mucho compromiso y paciencia. Al mismo tiempo, esa experiencia nos conectó profundamente con cada rincón.

Lydia Broström y Alexander Brinkmann, dueños de casa

Convivir con la naturaleza

El escenario influye, y mucho, en la vida cotidiana de la pareja, que ya lleva cinco años viviendo allí, desde hace unos meses junto a su primer hijo. Porque si en invierno puede cruzar el paisaje nevado un grupo de ciervos, como si tal cosa, el verano les depara luz casi 24 horas por día.

“La casa fue evolucionando gradualmente. Más que proyectar grandes reformas, nos enfocamos en pequeños ajustes que hicieran nuestra vida cotidiana más cómoda, agradable y personal”.

Tiempo después de instalarse aquí, Lydia y Alexander decidieron hacer una pequeña reforma: abrieron una nueva ventana y giraron el grupo de sofás para que miraran al bosque.

Hacer honor al oficio

Carpintero de profesión, no sorprende que en su casa Alexander apostara por la madera en todas sus versiones.

En el sector social, las paredes se revistieron con madera terciada sin nudos, protegida con un barniz blanco para evitar que vire al amarillo. “Queríamos materiales que transmitieran sensación de refugio en invierno y frescura en verano. La madera natural aporta textura y calidez, mientras que los tonos neutros ayudan a reflejar la luz durante los meses más oscuros”, explican.

El espacio social integrado tiene unos 80m2. En la cocina, la materialidad cambia (sobre todo con el brillo de los azulejos que revisten alzada y extractor), pero se mantiene la coherencia.

Construir un hogar

“Al principio, la casa era demasiado perfecta y emocionalmente incompleta. Hacer un hogar acogedor nos llevó el tiempo de crear recuerdos y, en lo práctico, nuevos muebles rodeados por piezas de segunda mano”.

Casa abierta

“Nuestro hijo tiene su propio cuarto, pero la verdad es que toda la casa es su zona de juego, considerando sus pocos meses y que el invierno nos mantiene bastante puertas adentro”, asegura su madre.

En el cuarto de Ralf aparecen algunos colores que, desaturados, siguen la línea del resto de la casa.

Cambio de tono

Los dormitorios y el vestidor, a diferencia del sector social, tienen paredes pintadas. “Eso facilita la posibilidad de renovar y adaptar esos ambientes a medida que evolucionan nuestras necesidades y gustos”.

Para su baño eligieron revestimientos cerámicos que imitan la piedra natural y una mampara de hierro repartido hecha a medida para cerrar el box de ducha.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/una-pareja-construyo-su-propia-casa-en-un-pueblito-de-500-habitantes-nid23072026/

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